-¿No hay luces o qué?
-Claro, pero esto le da un toque mucho más romántico a la cosa, ¿no?
Sin darle importancia a su último comentario, entré a la habitación. Y una vez más, quedé impresionada. Es preciosa, teniendo en cuenta que es de chico. Tiene un espacio enorme, y más que de sobra. Una cama de dos plazas para él solo, me encanta. Si yo pusiera una así en mi cuarto, no habría espacio ni para pasar.
-¿Puedo sentarme?
-Como si quieres meterte dentro.
Cogió los altavoces que había encima de una cómoda. Eran muy grandes, debían de pesar.
-En la mesilla de luz, tengo un pendrive, cógelo y bajemos.
Esta vez si encendió la luz, pero en vez de tener lámparas, como todas las casas. Había una especie de tira larga que brillaba, colocada por todo el pasillo, bajaba por las escaleras y llegaba hasta el hall. La primera vez que veo eso en mi vida.
Una vez en el patio, colocamos todo. Probamos la música, todo genial. Quedaban unos 20 minutos para la hora de comienzo prevista. Me senté en la barra mientras observaba a Carlos preparar mojitos, como si lo hiciera de siempre.
-Antes de que te chispes y empieces a decir tonterias. Escúchame.
Soltó una risa irónica.
-Te escucho, Dea.
-¿Por qué estoy aquí? Es decir, ¿por qué tú amigo Hugo me pidió que viniera aquí hoy, con él? Necesito explicaciones.
-¿Por qué me las pides a mí?
-Porque a raíz de todo esto, estoy aquí contigo. Ahora.
-¿Eso es bueno?
-No es malo.
-Mira, no lo sé. Tampoco se lo he preguntado, pero estuviste con nosotros en MerCurio y me lo pasé genial contigo allí. Y mira que me dijiste de todo.
-Soy diferente a vosotros.
-Eso es lo que mola. Solo has salido una vez con nosotros, danos una oportunidad, y si no te gusta, te vas. Todos con los que hablé me dijeron que les habías caido muy bien. Y en el fondo, nosotros a ti también.
-No sé que decirte.
Vino hacia donde estaba sentada y me miró.
-No me digas nada, pero ponte contenta. Esta noche la vamos a liar, no bebas si no quieres. Pasátelo bien, y luego ya hablas con Hugo y le dices lo que le tengas que decir.
-Vale, ¿puedo pedirte una cosa más?
-Depende.
-¿De qué?
-Si me pides que me lie contigo, te diría que sí. Si me pides que me tire a la piscina, pues no. A si que.
-No pienses tanto, anda. ¿Puedo dormir aquí esta noche?
-¿En serio me lo preguntas? Pero, ¿y Sofía?
-En verdad no me ha confirmado que pueda quedarme. Eres mi plan B.
-No te lo crees ni tú.
Se acercó a mí. Un poco más. Y un poco más.
-¿Me das un mojito?
-Tú disimula. Tengo toda la noche para ponerte en esta situación.
Me tendió el mojito con su pajita y todo.
-Que tengas suerte.
Nos sonreímos por última vez antes de que sonara el timbre, el timbre del portón, claro. Y comenzaron a entrar los amigos de Hugo, aunque a la mayoría ya les conocía. Pero vino muchísima más gente.
Como era de esperar, Hugo llegó el último y todos corrieron hacia él, le daban besos, abrazos. Y regalos. Yo lo miraba desde mi sitio, esperaré a que se le alejen un poco. No quiero quedar mal.
Carolina me vio, y no pudo evitar arrimarse hasta la barra.
-Hola cariño.
-Hola Carol, ¿qué tal?
-Bueno, esperando mi turno para saludar a este. No estaba segura de que fueras a venir.
-¿Por?
-No lo sé, simplemente no estaba segura. Deberías felicitarle en privado, le hará ilusión, Dea.
-¿Acaso él te dice lo que quiere que haga?
-Le conozco demasiado. Se que le gustas, y te quiero ayudar. De hecho, creía que vendrías con él.
-Hubo un cambio de planes, y al final vine hace un rato con Carlos.
-¿Y con Carlos, qué?
-Nada con nadie. Hace dos días que os conozco. Y ya os lo dije; no soy como vosotros.
-Me haces mucha gracia en ese sentido. Con el que se suponga que te vas a quedar tienes que ir rápido. Te lo digo más que nada, porque se quienes tienen fichado a alguno de ellos. Anda, corre a felicitarlo. Que lo estará deseando.
Esperé unos segundos hasta comprobar que la gente al fin le dejaba respirar. Y era mi momento, quizá Carolina no quiera joderme. Quizá quiera que me vaya bien con Hugo de verdad. Pero yo no se que quiere él, ni siquiera se lo que quiero yo.
-Felicidades Hugo.
Me enredó en sus brazos y me levantó, dándome un beso en la mejilla. Yo le devolví el abrazo.
-Gracias por venir.
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