-¡CARLOS!, ¡CARLOS! ¿DÓNDE COJONES ESTÁS?
Bajó corriendo las escaleras, ya preocupado, ¿por qué gritan así? ¿qué está pasando?
-Tío, ¿qué pasa?
Era Hugo.
-¿Dónde está Dea?
-En el baño, ¿por?
-Dile que baje cuando salga.
-¿Para qué?
Ni siquiera le respondió. Carlos sabía perfectamente que no estaba haciendo bien, que a Hugo le gustaba Dea, que no era buena idea que siguieran con esto, quizás debería olvidarse. De todos modos, es solo una chica.
Sus pensamientos duraron lo mismo, que ella en abrir la puerta del aseo. Y ahí entendió todo. No era solo una chica. Era mucho más. Era las ganas de besar, las ganas de escuchar y de ser escuchado, las ganas de no estar solo, las ganas de descubrir.
-Dea...
-Dime. -Respondió entre sonrisas-
-Hugo quiere verte.
-Pues yo a él no.
En la cara de Carlos se reflejó una mueca de alivio mezclada con esperanzas. Que no entiende muy bien a que se deben.
-Anda, que es su cumpleaños...
-Vale. -Se limitó a responder.-
Bajó, y allí estaba él, tan alto, tan... tan de todo lo bueno. ¿Por qué le atrae tanto?
-Hugo, ¿me buscabas?
-Sí, ¿te apetece bailar?
-Qué va, no tengo ni idea. Voy a hacer el tonto.
-Me refiero, a... a solas. No aquí, delante de todos...
-Oh, vale. Pero entonces, ¿dónde?
-Ven.
Entonces la cogió de la mano, haciendo que sus mejillas de sonrojaran. Dea a la vez que notaba su verguenza, también vió a Carlos, mirándolos desde la escalera y no podía saber si estaba triste o contento, simplemente no podía saberlo, su cara no mostraba ningún tipo de expresión. Luego hablará con él. De momento se limitó a seguir a Hugo. Entraron en la cocina de Carlos, es evidente que sus amigo se saben su casa de memoria, y donde acaba la encimera, empieza una puerta que da a un patio trasero. Muy acogedor. No es demasiado grande, ni demasiado pequeño. Es perfecto. Tiene varias lamparitas pequeñas y si miras hacia el cielo, ves con perfecta claridad las estrellas.
Me siento en una de las hamacas que hay, esperando que Hugo hable. Me mira; sonríe. Yo no lo hago.
-Dea...
-Dime.
Comenzó a sonar música, totalmente tranquila, perfecta para bailar en una de esas películas americanas, que seguro que le han dado la idea de esto. Me pongo de pie delante de él y me agarra de la cintura, me recuerda bastante al día que fui a verle entrenar. Se da cuenta de que no sé donde colocar mis manos, entonces me suelta, junta nuestras manos y conduce las mías hasta su cuello. Y vuelve a poner las suyas en el mismo lugar.
Sabe bailar; miro nuestros pies e intento seguir el ritmo. ¿Dónde ha aprendido a bailar?
-Esto lo tenías más que pensado.
Se ríe, y con la misma facilidad que se ha reido, se pone serio.
-Me debes muchas explicaciones.
-Lo sé.
Dea no contestó, durante unos segundos que parecían eternos, ninguno de los dos hablaba. Ella quería oír lo que le tenían que decir, pero él hubiera preferido esconderse entre las piedras.
-En el gimnasio del instituto, allí te vi por primera vez. Y bueno, yo estaba empezando con Carol, y tú me llamaste la atención, y al dejarlo con ella justo un tiempo antes de mi cumpleaños... teniendo en cuenta que tenía que llevar a alguien, no sabía a quién. Y, hace unas semanas, estaba con Alex, veníamos de entrenar y entró a ducharse, estaba hablando por whatsapp con Sofía y era algo urgente, algo de una de sus tías, no me acuerdo bien. Y me pidió que le leyera lo que le había escrito, entonces a mí, me dió por mirar su foto de perfil. Y te vi como salías sacando la lengua junto a tu amiga. Y me di cuenta de que sabía quién eras, pero ni siquiera sabía tu nombre.
Nada más salió Alex, le pregunté por ti y me dijo que te había visto con su prima, pero nunca había hablado contigo. Entonces, me pasé a mi móvil el contacto de Sofía y empecé a hablar con ella, a preguntarle sobre ti y cómo podría hacer para hablarte y para invitarte a venir hoy, aquí, conmigo.
Me gustas, Dea.
-No me las des, fue el trato que hicimos, tú cumpliste y ahora me tocaba a mí.
-De eso te quería hablar...
-Ya, y yo también, pero hoy es tu noche. Disfruta, y ya tendremos tiempo para explicaciones, ¿no crees?
Sonaba Animals, y todos parecían muy animados bailándola, a pesar de que supuestamente la gran mayoría no escuchaban ese género musical. Pero también es verdad, que en una fiesta, no pega poner rap.
Aunque Carlos, Hugo, y en ocasiones, Carol, intentan que me integre, me cuesta, no tengo confianza con ellos como para ponerme a bailar como loca. Para que se rian de mí, o algo. Decido sentarme en la barra.
Un grupito de chicas se acercan a mí, Ángela está entre ellas, lo que no me hace mucha gracia, la verdad.
-¡CARLOS! Un mojito para todas, para Dea también, eh.
Este me miró, dándose cuenta de que no estaba cómoda. Se acercó a una de ellas, muy guapa, por cierto. Le dijo algo en el oído, después, Nuria creo que se llamaba, hizo un gesto a sus amigas para que se fueran. Y se fueron.
-Gracias.
-No las des.
-¿Puedo irme a tu habitación? -preguntó Dea.
-¿Puedo irme contigo?
-Como quieras.
Subieron, el último en entrar fue Carlos.
-Cierra la puerta, por favor.
No tardó en hacerle caso, y cuando se giró, notó como los ojos de Dea brillaban, hasta el punto de aguantar las lágrimas. Le hizo señas para que sentara en el centro de la cama, así él podría sentarse a su lado.
-Cuéntame.
-Quiero irme a mi casa. Carol se está riendo de mí como quiere. Ángela parece que quiere poner a la gente en mi contra. A Hugo no voy a amargarle su noche. Y tú, estás aquí conmigo y no deberías.
-Es mejor que estar abajo viendo como se emborrachan tus amigos.
-Eso no me consuela.
-Esto no es por Carol, y mucho menos por Ángela. Es por Hugo y lo sabes. ¿Te gusta o qué?
-Me atrae.
-Es buena persona y muy buen amigo. Es el típico novio que cualquier padre querría para su hija.
-Pero hay algo que no termino de creerme en él, igual que en mis amigas.
-¿Qué amigas, con las que vas siempre?
-Sí, Celia es la más sincera del grupo, y aún así me dijo que no conocía a Hugo, y le saludó cuando nos lo cruzamos. Sofía es la que más experiencia tiene, siempre me dice que vaya despacio, ahora de repente quiere que me lance. Y Clara, es con la que menos relación tengo, y me llamó el otro día por primera vez, para hablarme sobre Hugo. Nada tiene sentido.
-Tenerlo, lo tiene.
-¿Si? Pues explícamelo.
-No voy a decirte nada de lo que luego me pueda arrepentir, ¿sabes? Además yo no gano nada.
-¿Cuándo fue tu última relación, Dea?
-Hará unos 4 meses o así.
-Con el hermano de Javi el entrenador de natación, Fernando creo que se llama.
-¿Cómo lo sabes?
-Os veía en el instituto. Explícame porque rompísteis.
-Pues, él es un año mayor que yo. Y en realidad le conocí gracias a su hermano, la cuestión esque nunca pensé que un chico mayor que yo, fuera a fijarse en mí. Y era muy insegura, aunque trataba de no ponerme celosa, de no desconfiar. El problema no era suyo, era mío. Y, como tantas cosas me gustaban de él, había una que me ponía enferma, y es que bebiera tanto. Siempre me invitaba a salir con él los fines de semana, con sus amigos e irnos de botellón, y yo me negaba. Y, una de esas noches, me dijeron que le habían visto liándose con otra chica, pero Fernando me lo negó. Y al final decidí dejarle, y nunca supe la verdad. Quizás nunca debí dejarle. A veces me arrepentía, pero bueno.
Mientras yo hablaba, podía notar como sus ojos estaban clavados en los míos, como apenas parpadeaba. Pero intentaba no perder el hilo y poder seguir contándole la historia. Pero me estaba perdiendo en sus ojos. Y se que se dio cuenta de que me tenía justo como quería, donde quería y en el momento que quería. Pero no se lo iba a poner tan fácil.
-Carlos, ¿dónde está el baño?
Alumbrándonos con el móvil, llegamos a su habitación... la última del pasillo, abrió la puerta y me dejó pasar primero.
-¿No hay luces o qué?
-Claro, pero esto le da un toque mucho más romántico a la cosa, ¿no?
Sin darle importancia a su último comentario, entré a la habitación. Y una vez más, quedé impresionada. Es preciosa, teniendo en cuenta que es de chico. Tiene un espacio enorme, y más que de sobra. Una cama de dos plazas para él solo, me encanta. Si yo pusiera una así en mi cuarto, no habría espacio ni para pasar.
-¿Puedo sentarme?
-Como si quieres meterte dentro.
Cogió los altavoces que había encima de una cómoda. Eran muy grandes, debían de pesar.
-En la mesilla de luz, tengo un pendrive, cógelo y bajemos.
Esta vez si encendió la luz, pero en vez de tener lámparas, como todas las casas. Había una especie de tira larga que brillaba, colocada por todo el pasillo, bajaba por las escaleras y llegaba hasta el hall. La primera vez que veo eso en mi vida.
Una vez en el patio, colocamos todo. Probamos la música, todo genial. Quedaban unos 20 minutos para la hora de comienzo prevista. Me senté en la barra mientras observaba a Carlos preparar mojitos, como si lo hiciera de siempre.
-Antes de que te chispes y empieces a decir tonterias. Escúchame.
Soltó una risa irónica.
-Te escucho, Dea.
-¿Por qué estoy aquí? Es decir, ¿por qué tú amigo Hugo me pidió que viniera aquí hoy, con él? Necesito explicaciones.
-¿Por qué me las pides a mí?
-Porque a raíz de todo esto, estoy aquí contigo. Ahora.
-¿Eso es bueno?
-No es malo.
-Mira, no lo sé. Tampoco se lo he preguntado, pero estuviste con nosotros en MerCurio y me lo pasé genial contigo allí. Y mira que me dijiste de todo.
-Soy diferente a vosotros.
-Eso es lo que mola. Solo has salido una vez con nosotros, danos una oportunidad, y si no te gusta, te vas. Todos con los que hablé me dijeron que les habías caido muy bien. Y en el fondo, nosotros a ti también.
-No sé que decirte.
Vino hacia donde estaba sentada y me miró.
-No me digas nada, pero ponte contenta. Esta noche la vamos a liar, no bebas si no quieres. Pasátelo bien, y luego ya hablas con Hugo y le dices lo que le tengas que decir.
-Vale, ¿puedo pedirte una cosa más?
-Depende.
-¿De qué?
-Si me pides que me lie contigo, te diría que sí. Si me pides que me tire a la piscina, pues no. A si que.
-No pienses tanto, anda. ¿Puedo dormir aquí esta noche?
-¿En serio me lo preguntas? Pero, ¿y Sofía?
-En verdad no me ha confirmado que pueda quedarme. Eres mi plan B.
-No te lo crees ni tú.
Se acercó a mí. Un poco más. Y un poco más.
-¿Me das un mojito?
-Tú disimula. Tengo toda la noche para ponerte en esta situación.
Me tendió el mojito con su pajita y todo.
-Que tengas suerte.
Nos sonreímos por última vez antes de que sonara el timbre, el timbre del portón, claro. Y comenzaron a entrar los amigos de Hugo, aunque a la mayoría ya les conocía. Pero vino muchísima más gente.
Como era de esperar, Hugo llegó el último y todos corrieron hacia él, le daban besos, abrazos. Y regalos. Yo lo miraba desde mi sitio, esperaré a que se le alejen un poco. No quiero quedar mal.
Carolina me vio, y no pudo evitar arrimarse hasta la barra.
-Hola cariño.
-Hola Carol, ¿qué tal?
-Bueno, esperando mi turno para saludar a este. No estaba segura de que fueras a venir.
-¿Por?
-No lo sé, simplemente no estaba segura. Deberías felicitarle en privado, le hará ilusión, Dea.
-¿Acaso él te dice lo que quiere que haga?
-Le conozco demasiado. Se que le gustas, y te quiero ayudar. De hecho, creía que vendrías con él.
-Hubo un cambio de planes, y al final vine hace un rato con Carlos.
-¿Y con Carlos, qué?
-Nada con nadie. Hace dos días que os conozco. Y ya os lo dije; no soy como vosotros.
-Me haces mucha gracia en ese sentido. Con el que se suponga que te vas a quedar tienes que ir rápido. Te lo digo más que nada, porque se quienes tienen fichado a alguno de ellos. Anda, corre a felicitarlo. Que lo estará deseando.
Esperé unos segundos hasta comprobar que la gente al fin le dejaba respirar. Y era mi momento, quizá Carolina no quiera joderme. Quizá quiera que me vaya bien con Hugo de verdad. Pero yo no se que quiere él, ni siquiera se lo que quiero yo.
-Felicidades Hugo.
Me enredó en sus brazos y me levantó, dándome un beso en la mejilla. Yo le devolví el abrazo.
-Gracias por venir.
Carlos ya lleva unos 10 minutos esperándola, pero no llega. Está precupado, no solo por ella, si no también, porque le quedan cosas que hacer.
No mucho más tarde, ve una pequeña figura que corre dirección a donde él se encuentra. Tiene que ser Dea.
-Hola guapa.
-Vámonos.
-¿No me das dos besos? Además te recuerdo que soy yo el que lleva un rato esperándote.
-Mi madre es capaz de venir a buscarme. Sabe que voy a una fiesta, pero cree que es con mis amigas.
-Eres mentirosa, me gusta.
-Y tengo que pedirte un favor.
-Sorpréndeme.
-Le he dicho que esta noche duermo con Sofía, ¿te importaría llevarme a su casa luego?
-Vale, pero no te prometo ni la hora, ni la seguridad de ir conmigo de madrugada. Y otra cosa, ¿habrás quedado con ella, no?
Le sonreí, y me devolvió la sonrisa. Tan amplia, tan bonita. Es agradable estar con él, cuando no es un creído. Carlos me pasa el casco que me tengo que poner.
-¿Iremos en moto?
-Siempre podemos ir andando.
-¿Y tú casco?
-Yo no uso de eso.
No he ido muchas veces en moto, solo cuando mi primo me llevaba por Asturias en las vacaciones del verano pasado. Pero nunca demasiado tiempo, para mi tía es algo peligroso.
No está segura de que este chico sepa lo que hace, pero no tiene más remedio que disimular e ir. O no ir, aunque quizás sea demasiado tarde para eso.
Arrancaron, Dea le preguntó donde era su casa. Un poco a las afueras de la ciudad, y teniendo en cuenta que viven en el extremo de esta... tardarían un cuarto de hora, aproximadamente. Quizás menos. Y entre absurdas conversaciones, en un lugar totalmente desconocido, Carlos bajó.
-Espérame aquí. No tardo.
No quería plantearse por qué se habían detenido allí, ni que estaría haciendo, ni con quién, porque se temería lo peor. Sin embargo, otro pensamiento consiguió invadir su cabeza.
Voy montada sobre una moto, Honda, si no me equivoco. -Pensó- Por qué a un chico al que le da igual todo, le conceden caprichos de este tipo. Aunque no se nada sobre este tema, creo que es una marca buena. Sus padres tendrán mucho dinero, seguro. O tienen dinero y son gilipollas, que es lo más probable.
-Ya estoy. Baja un segundo, por favor.
Obedecí.
Abrió el baúl de la moto y metió las dos bolsas con botellas que traía en las manos. Justo después, me ayudó a subirme de nuevo, se subió él, y seguimos viaje hasta su casa.
¿Con quién habrá ido Dea al cumpleaños? Que alguien me explique eso. Tiene que aclarar muchas cosas esta noche, pero no puede decirle que le gusta. No hace ni una semana desde que tienen relación, por así decirlo.
Va a pensar que estoy desesperado, o todavía peor, que la quiero utilizar para olvidar a Carol, qué panorama tengo. ¿Qué hago y a quién le pido consejo? Dea es una niña encantadora, y no se merece que no le de explicaciones de la verdadera razón de todo este lío, quiero decirle la verdad y asumir las consecuencias. Aunque me rechaze, pero al menos que lo sepa. Estoy confuso, ¿se nota?
Cuando llegaron, Carlos bajó a abrir el portón para entrar a su casa, y ella quedó admirada ante lo que veía. Un jardín enorme, con su césped bien cuidado, su zona con columpios... se imagina a Carlos jugando allí de pequeño, cuando todavía era un niño inocente. También hay porterias, y una canasta de baloncesto no podía faltar.
Avanzaron un poco más, había una piscina con forma cuadrada y en frente, una barra. A simple vista parecía una típica casa de las películas americanas, diseñada por un adolescente.
Tenía dos plantas, y una enorme terraza en la parte de arriba, por un momento, me quedé mirándola. Había algo que me llamaba la atención.
-¿Pasamos?
-Sí, deja que te ayude con las bolsas.
-Yo puedo, cariño. Pero podrías abrirme la puerta. Tengo las llaves en el bolsillo derecho, sácalas.
-Tú lo que tienes es un morro que te lo pisas.
Me guiñó un ojo, y yo me sonrojé.
Abrí la puerta tras pelearme un poco con ella y aguantar burlas de Carlos.
-En poco llegará la gente, pon las botellas en la barra de fuera. Yo voy a por la música y los altavoces.
-Te acompaño.
-¿Te da miedo?
-No seas tonto.
Revisó cada uno de ellos, el primero, como no... del grupo de su clase, ese siempre está en funcionamiento. El de sus mejores amigas, aunque no hace demasiado desde que se despidió de ellas. Su padre, informándole de que ya ha llegado a Málaga, y se encuentra bien. Un nuevo grupo, donde Carolina es la administradora.
Dios, lo que me faltaba.
Y la última, y quizá la que más le importa, Hugo. Pidiéndole perdón.
-Qué más da.
-No da igual, me comporté como un crio.
-¿Te das cuenta que desde que nos conocimos no has hecho más que pedirme perdón?
-Bueno, pero si la cago, ¿qué quiéres que haga?
-Dejémoslo aquí. Esta noche nos vemos.
-¿No quiéres que te recoja?
-No, ya llegaré.
-Vale. Hasta luego.
Abre un nuevo chat, para Carlos. Necesita que él le ayude a llegar, han quedado en el 24 horas, que está a unas dos calles de donde vive, en tan solo una hora. Aunque el cumpleaños empieza en dos, pero no quiere que el tiempo se le eche encima. Además, debe pasar a por las bebidas, pero no se lo dice a Dea, porque sabe que entonces no dejará que la lleve. Y quiere hablar con ella, quiere saber si tendrá alguna oportunidad. La conversación finaliza con un guiño de Carlos.
Dea decide no responder más, termina de arreglarse y se pone sus pantalones nuevos. Debería aprovechar de estudiar un poco, el lunes tiene examen de naturales, y ni siquiera ha tocado los libros. Quita de su escritorio la ropa y todo tipo de cosas que puedan distraerla. Coloca su libro, su libreta y un portaminas con goma. Se dispone a empezar a leer, cuando nota, que en el cajón que se encuentra justo rozando sus piernas, sobresalen unos folios en blanco, doblados. Ni rasto de alguna fecha, para identificar de cuando son. Pero los ha escrito ella, nunca confundiría su letra.
Comienza a leer en voz baja.
Estoy harta. No sé como acabar con esto. Cada vez que me miro, me da por llorar. No hago más que pregutarme cómo he llegado hasta este punto. Y qué es lo que me ha traído aquí. Pero mis preguntas tienen respuesta, aunque nadie las entienda. Estar delgada hoy en día, significa pesar 40 kilos, qué lástima de mí, por caer en este juego. Qué pena que estar normas las marque la sociedad, y sea yo quién quiera seguirlas. Intento que me entiendan y que me escuchen, pero ¿quién me va a escuchar? Ya se lo que dirán, 'para todo hay solución, no te preocupes' y una mierda, que alguien me saque de este pozo en el que la salida cada vez está más lejos. 'Cada día te veo más delgada', ¿Si? que raro, si no hago deporte. No, deporte no, pero unas dos horas diarias encerrada en el baño no faltan. Cualquiera diría que estoy loca. Cualquiera creería que solo soy otra triste víctima de lo que significa vivir. Estoy viva, aunque preferiría que todo fuera un sueño. Un sueño que tiene el mismo final, que es morir. Nunca nadie entenderá lo que siento, y si lo hacen, no me consolarán. Escribo porque sufro, y sufro porque no me entienden. Pero no pasa nada, algún día lo superaré, algún día leeré esta carta, si no desaparece antes. Entonces, me miraré al espejo de frente y diré: tú, la de los ojos cansados, basta ya. Toca ser feliz. Porque como suelen decir, 'la vida son dos días'. Y yo estoy viva, y encima, tendré que dar las gracias por ello.
Nada más acabar, sus ojos empiezan a brillar, una lágrima cae lentamente sobre su rostro. Lo escribió, hará cosa de un año. Se coloca las manos sobre la cara.
-No llores. Otra vez no.
Debió quemar todo, seguramente tenga más escondidas por ahí, pero no es momento de buscarlas ni leerlas. No le queda mucho tiempo antes de tener que irse. Y ya no puede estudiar. Ahora recuerda como se sentía, su impotencia y sus ganas de suicidarse. Los días sola, sin hablar con nadie. Sus cartas, sus llantos, todo. Es como si volviera a vivirlo. Y ahora, no para de repetírselo. 'Tú, la de los ojos cansados, basta ya. Toca ser feliz.'
Se despierta algo confuso, quizás se pasó con la negrita la noche anterior. No tiene nada de hambre, y ver el desayuno que le ha dejado su padre, antes de irse a trabajar, le producen ganas de vomitar. Sí, sin duda ha sido el alcohol.
Esta tarde tendrá que preparar la fiesta para Hugo, que será allí mismo, en su casa. Que no falten las chicas, la bebida, y, algo de drogas no estarían mal. Sus padres le dejarán la casa hasta el día siguiente. Y la mayoría de los que irán son mayores de edad, no ve ninguna pega.
Aunque sigue pensando en aquella chica, Dea, esa seguro que se chiva de todo, pero no puede pedirle a Hugo que no la lleve, por alguna razon que todavía no ha sido descubierta, ha decidido ir con ella a la fiesta. Por otro lado, le ha encantado compartir un rato con esta chavalita tan peculiar, en MerCurio. Carlos debe de reconocer, que le gusta su forma de actuar, de pensar y de expresarse. Podría intentar algo esta noche, porque... no es tan pequeña, ¿no?
Dea despierta, para su sorpresa son más de las 11:00, y su madre no está. Seguramente se diera cuenta de su cansancio, y no haya querido despertarla antes de irse. Qué mona.
Se dispone a desayunar, pero escucha ruidos, proceden de la terraza, ¿ladrones a esta hora? no puede ser, coge una escoba, por sí acaso. Aunque todos sabemos que no iba a poder herir a nadie de este modo.
Sale con sigilo, y la escoba cae al sueño.
Un pequeño grito suena.
-¿Quién os ha abierto, tío?
-Tu madre. Hace más de una hora. Espabílate, que hay muchas cosas que hacer.
-¿No pensabáis avisarme de que veniais o qué?
-Calma, ¿te hago el desayuno?
-Sofía, no me hace gracia. Me habéis asustado. Y, ¿por qué no ha venido Clara?
-Ultimamente está rara. -Acaba confesando Celia- No se si es sólo conmigo.
-Conmigo también.
-Bueno, no hemos venido a hablar de ella. Tenemos que arreglarte para esta noche. ¿Ya sabes qué te vas a poner?
-Pues... no.
Sus amigas le ayudan con todo, incluso con el color de uñas que se pondrá. La verdad esque se están comportando, podrían haberla mandado a la mierda.
Solamente le faltan los pantalones, debe ir a comprarlos. Usará parte del dinero que su padre le da todos los meses.
Celia y Sofía 'debían irse', a si que decide ir sola.
Va caminando entre todas las tiendas que le gustan, su favorita es sin duda Pull & Bear, antes de entrar, se queda mirando los maniquíes... intentos de cuerpos tan altos, tan delgados, y tan perfectos. Un cuerpo como ese querría tener. Y conseguir, de una vez por todas, dejar de acomplejarse por el suyo, pero sabe que no puede volver a intentarlo.
No puede recaer. De vez en cuando sus caderas la torturan. Desearía que esas faldas de tubo le quedaran bien.
Finalmente, entre pensamientos odiosos sobre ella misma, decide entrar. Y, elije unos cuantos pantalones cortos, de distintos colores y anchuras. Solo se queda con uno en la mano, pero no está segura. Se mira y se mira.
-Oye morena, a mí me gusta como te quedan.
A través del espejo, comprueba que un chico, justo detrás de ella, mira hacia abajo con cara de travieso.
-Hola Carlos.
-¿Vas a llevártelos?
-Supongo que sí, son para esta noche.
-Te quedan genial.
-¿Tú qué haces aquí?
-He venido con Lucas, a comprarle algo a Hugo. Por cierto, ayer te di mi número... esperaba que me hablases.
-Háblame tú, no te jode.
-Lo haría, pero no quiero meterme en medio de tu relación con uno de mis mejores amigos.
-¿Desde cuándo te importa a ti eso?
-Me encanta que pienses así sobre mí -Respondió riéndose.- tienes la oportunidad de conocerme, y yo de hacerte cambiar de opinión. No la malgastes.
-Eres un creído.
-Qué va. Nos vemos esta noche, ¿vale?
Pero Dea se negó a responder, fue a la caja, y pagó su pantalón.
Mientras regresaba a su casa, no podía parar de pensar en todas las cosas que le estaban pasando, sus amigas, como nunca antes vistas. Carlos, un chico encantador, pero demasiado egoísta. ¿Hugo? Hugo es Hugo. Y ya está.
Carolina y todos esas nuevas personas en su vida.
Su padre, cada vez más lejos. Su madre, cada vez más cerca.
¿Quién la mandaría a crecer?
Cuando vuelve a su casa, se da cuenta de que se había dejado el móvil: 361 mensajes, de 5 conversaciones.
Llegó a su casa después de eso, le envió un whatsapp a Carlos diciéndole que mañana le vería, que estaba cansado y no le apetecía más fiesta. Este le respondió con un emoticono.
Hugo vive con su padre, y llegaría a la madrugada de trabajar. Su hermano hace un año que no vive con ellos, desde que acabó el instituto, Martín se fue a estudiar derecho a Madrid. Se siente solo allí.
Pero hay una cosa de la que no puede quejarse, y es, que vive genial, no le falta de nada. Su padre trabaja mucho, demasiado. Nunca ha tenido una buena relación con él, pero a veces le gustaría tener la oportunidad de poder pasar más tiempo a su lado.
Intenta olvidarse de todo.
Pone música desde su móvil, y empieza a tararear aquella canción con la que tanto se identificó tras dejarlo con Carol. Siempre de Rapsusklei.
No le ha sentado para nada bien lo último que le dijo Dea, ¿y ahora qué hace? Quizá su ex le haya dicho algo, o quizá se ha dado cuenta de que le gusta, y cada vez más. Todavía recuerda el primer día que la vio, ella estaba en segundo, y él, en cuarto. Y aunque tenían las clases en pisos diferentes, eso no fue un impedimento para fijarse en esa chica bajita, con su pelo largo y su cara de inocente. Se encontraron en el gimnasio, cuando ella tenía clases, y él y sus amigos, pidieron permiso para poder entrenar. Hacían una competición de saltos, y seguramente, ni se percatara de su presencia. Pero sin embargo, Hugo no olvidará la cara de odio de Dea, cuando le anunciaron que había quedado descalificada.
Nunca se había planteado una oportunidad con ella, nunca, hasta ahora. Espera que le salgan bien las cosas.
No la conoce demasiado, pero sabe, que está dispuesto a aceptarla con todo lo que incluya. Con todo.
Dea sube por las escaleras, toca el timbre. Su madre le abre, y le pregunta como le ha ido. Pero ella, no tiene ganas ni de responder. Le dice a todo que sí, y aprovecha su primer despiste para encerrarse en su habitación. Tiene muchas ganas de volver a hablar con Hugo, pero sabe que la ha liado. Que no le ha hablado bien, y que no cree que quiera hablar con ella. Aunque, el que no arriesga, no pierde, pero tampoco gana, como dice aquella frase de Natos y Waor que tanto le gusta.
De momento, enciende su ordenador Toshiba y se conecta a Skype, a esta hora, siempre suelen estar conectadas sus amigas, y los viernes, pueden pasarse horas hablando. Pero solo se encuentra Sofía. Decide enviarle la petición para hablar con ella por webcam, y no tarda en aceptar. Las dos amigas se ponen los cascos y comienzan la conversación.
-Hola tía, ¿qué tal el día?
-No sé, la verdad, ¿y el tuyo?
-Bien, pero no estamos hablando de mí, hoy conocías a los amigos de Hugo, ¿no? Cuéntame, quiero saberlo todo. Ya.
-Normal, al principio estaba muy nerviosa. Pero parece que les he caido bien, y ellos a mí también. Bueno, unos más que otros.
-¿Quiénes estaban que yo conozca? ¿estaba mi primo, Alex?
-No, Alex no. Estaban Carlos, Carolina, Ana, su amiga. Y los demás, solo me acuerdo de Lucas y Jesús, pero no les conocía de antes.
Y cambiando de tema, Sofía. ¿Sabes que le pasan a Clara y Celia? las noto raras, y no se si es solo conmigo.
-¿Raras? ¿en qué sentido?
Dea le cuenta a su amiga, la actitud de Celia, cuando fueron al entrenamiento. Y la repentida llamada telefónica de Clara. Todo esto le parece extraño, y aunque Sofía está al tanto de todo, no está segura de que deba decirle nada.
-Yo hoy he estado con ellas, y no me han comentado nada. Supongo que solo quieren que te vaya bien con él.
-¿Habéis quedado hoy?
-Sí, para adelantar deberes. Luego te los paso.
Eso es mentira, es la típica excusa que usamos con todo el mundo cuando quedamos para hacer cualquier cosa, pero que la use conmigo, pues... en fin. Está claro que hay algo que no quieren contarme.
-Pues, vale. Me voy a dormir, que estoy cansada. Adiós.
Puestos a mentir, ella también sabe hacerlo. Sin pensarlo, cierra Skype y acto seguido, el ordenador.
Le hubiera encantado quedar con ellas, e incluso con el resto de compañeros suyos de clase, como suelen hacer. Pero tenía otros planes.
Hoy no ha sido su día, está rayada, decide meterse en la cama, taparse y forzarse a dormir. Será lo mejor.
Son las 2:00 y no consigue dormirse, mañana por la mañana, no podrá recuperar lo que no descanse esta noche, le prometió a su madre que le ayudaría a limpiar y le acompañaría a comprar. Se maldice por esa promesa.
-Dea, duérmete, por favor.
No creo que nadie esperara que dijera eso, pensé en irme, pero creo que peor forma de intentar llevarme bien con ellos, no había. A si que, ya daba igual.
-Toma corte, Carlos.
-¿Tú no tenías novia, chaval? -Volví a preguntar, ahora más enfadada.-
-Lo dejamos.
-¿Cuánto habéis estado? ¿Dos semanas? ¿Quizá tres o cuatro?
-Me gusta esta chica, Hugo.
-Por mí, vente con nosotros cuando quieras, tu carácter... pegas con nosotros. Sí señor, ya era hora de añadir otra chica al grupo.
Carolina me miró de reojo y dio toda su opinión con una media sonrisa. Le contesté de la misma manera. De ahí en adelante, las conversaciones no fueron mucho más entretenidas, tampoco entendía mucho.
Ellos son bastante parecidos, y eso es lo que los hace amigos. Les pasa como a mí con Celia, Clara y Sofía. Probablemente alguno de ellos con nosotras se aburriría.
-Dea, ¿qué opinas de rap y del rock?
-Rock, me gusta, lo aguanto. Pero no aguantaría sin rap.
-Eso suma puntos.
No he cruzado palabra con las chicas, tampoco con Hugo, quizás le moleste que me haya entendido con sus amigos. Quizás para las chicas sea una especie de rival. Pero no creo, no son animales.
-Voy al baño, vente Nuria. Dea, tú también.
No pregunté, no rechisté, simplemente me levanté y las seguí. Mal, Dea, mal. La peliroja se sentó en la encimera del baño, a esperar que saliera su amiga.
-¿Estás con Hugo, tía?
-¿Yo?
-Sí, tú.
-No, ¿por?
-Porque, me parece raro que repentinamente estés con nosotros, que somos mayores que tú, y tengamos tan pocas cosas en común.
-¿Vosotras sois las que conoceis a Hugo, no? Deberías estar al tanto de todo.
-¿De todo qué, pequeña?
-No me llames así. Mañana le acompañaré a su cumpleaños.
-¿En serio? Qué curioso, debería ir con Carolina.
Entonces, la nombrada, abrió la puerta del baño, y se quedó de pie, delante mía. O bien venía dispuesta a darme dos besos, o a cogerme de los pelos. No era capaz de saberlo por su expresión.
-Venga, Ángela. Que es un niña preciosa. Mira que carita tiene. Entiendo que a Hugo le guste. Les molamos así.
-Os agradecería a las dos, que dejarais de tratarme como si fuera un bebé, además, a Hugo no le gusto. Ni falta que hace, puedes irte otra vez con él.
-¿Estás a la defensiva, cariño?
-Tengo la regla.
-Respuesta más que suficiente. Quiero que seamos amigas, Dea.
Ángela no se cortó a la hora de mostrar en su cara, furia, mezclada con celos y ganas de golpear a alguien.
-No lo dices en serio.
Sonrió.
-Claro que lo digo en serio, ¿crees que te odio por qué Hugo se haya fijado en ti? No. A saber a cuantas se ha follado después de dejarlo conmigo.
No respondí.
-Ángela, ve yendo a la mesa si quieres.
Y sin mirarnos nuevamente, se dio la vuelta y se fue.
-Es así, no te preocupes. ¿Sabes? te ves madura, la típica niña buena, alguna que otra vez me suena haberme cruzado contigo en el instituto.
-Puede ser.
-De verdad que me gustaría que formaras parte de nuestro grupo. Y se totalmente lo que piensas de mí. Lo noto, en tu forma de contestar, de mirarme. Eres muy previsible, y eso me gusta. Eres como yo.
-No soy como tú.
-¿Te vienes con los demás? ¿O vas a seguir planteandote cosas aquí sola?
Esa chica... es rara. En todo momento se muestra firme y segura. Sabe lo que dice, y parece que conoce bien como me siento. Es como si me leyera la mente. Aunque parece sincera, espero que esto no sea solo un juego.
Se quedó en la puerta esperando que reaccionara, me guiñó un ojo. Y ambas volvimos a la mesa, y nos sentamos en nuestros respectivos lugares.
-¿Quién pone el tacabo de hoy?
-Yo -Dijo un chico rubio, al que todavía no había escuchado hablar. O al menos, no le había prestado atención.-
-Gonzalo tío, ¿a quién le has robado?
Mi móvil, empezó a vibrar en el bolsillo, la música está alta, sin decirle nada a nadie. Salí a la puerta.
-¿Mamá?
-Hija, ¿a qué hora vienes? Ya es tarde.
-Llevo fuera una hora y media. Es temprano.
-No tardes, y estate atenta al móvil. Si no, llamaré a tus amigas para hablarte, eh.
-Vale mamá, no tardaré. Adiós.
Mis amigas no saben nada de esto, creo que debería irme. Avisaré a Hugo, ni siquiera se a cuanto estoy de mi casa.
Parece que se me ha adelantado, cuando me he dado cuenta, ya venía en camino hacia mí.
-¿Estás bien?
-Me tengo que ir.
-¿Ya? pero, quédate un poco más.
-No puedo, ¿me voy andando?
-No, yo te llevo.
Me despedí de todos, incluso me han dado sus números de teléfono. Estoy contenta, ya voy en el coche camino de mi casa. Pero Hugo, no parece sentirse como yo.
-¿Qué te pasa a ti?
-Nada, ¿por?
-No me has hablado en toda la noche.
-Bueno, era tu momento, no el mío, quería que te integraras, y lo has hecho. Eso es bueno. Era lo que quería.
-No, no era lo que querías. Mírate, estás molesto.
-Carlos me ha pedido tu número.
-Y a mí.
-¿Y se lo has dado?
-Sí.
-En fin. Ya estamos aquí, ¿vendrás mañana o has cambiado de idea?
-Buah, tú estás muy rayado, eh. De verdad te lo digo, si no quieres que vaya, simplemente, dímelo. Pero no te hagas la víctima, ¿estás celoso? No, claro que no lo estás. Acabas de dejarlo con Carolina, y a saber a cuantas te habrás tirado después. Soy, la típica niña buena, a la que todos toman de tonta, ¿y sabes? tú y yo, no tenemos, nada, pero nada, en común.
Esta noche es la cena con los amigos de Hugo, estoy atacada. Lo único que tengo decidido es la ropa. Y tampoco es nada del otro mundo, tengo que intentar caerles bien. Lo mejor que puedo hacer es integrarme.
El teléfono está sonando, es Clara.
-Hola tía, dime.
-¿Estás bien? te noto agitada.
-Así estoy. Nerviosa viva.
-¿Por lo de esta noche? Actúa como eres, les caerás bien.
-Encima creo que va Carolina, la ex de Hugo, imagínate que me peleo con ella.
-¿Por qué iba a pasar eso? ¿Acaso te gusta?
-Pues... -Dea, parate a pensar la respuesta- no lo sé. No me disgusta el chaval.
-Lánzate.
-¿YO? ¿Estás loca, tía? Para que me diga que no y quedar en verguenza. Quita, quita.
-Vale, pero piénsatelo. Te dejo, que veo que estás liada.
-Te quiero, adiós.
Las dos colgaron al mismo tiempo.
Que raras están estas-Pensó. Seguro que quieren que me haga amiga de ellos, y luego presentárselos. Desde luego que así no ayudan.
-HUGO, HUGO, HUGO, HUGO.
-¿Qué pasa, Clara?
-Creo que tienes posibilidades con Dea, le he preguntado que si le gustas, y se ha puesto muy nerviosa. Yo que tu lo intentaba.
-¿Ya? ¿tan pronto?
-Tú verás.
Si no me equivoco han quedado a las ocho, son las cinco.
Se duchó todo lo rápido que pudo, se desenredó el pelo, se lo secó. Se puso sus pantalones azules, con su jersey rosa bordado. Se pintó las uñas, echó el móvil y el dinero en su bolso. Y todavía le dio tiempo a ordenar su habitación.
Hugo tiene que estar por llegar ya. Paso de que mi madre escuche que un chico viene a buscarme, cree que voy a salir con Sofía, Celia y Clara.
-Mamá me voy, que me han dicho que baje.
-Vale mi vida, no llegues muy tarde.
Cogí mi chaqueta que se encontraba en la entrada, y bajé hasta el portal. Para estar casi en junio, hace bastante frío. Y por si fuera poco todo esto, un coche me enfocaba con sus luces y comenzó a pitar. Enseguida presentí que era para mí, y efectivamente, era Hugo, que venía a recogerme.
Se bajó del coche y se acercó a mí. -Hola guapa- fue todo lo que dijo, mientras que yo me limité a no contentar. Me abrió la puerta del copiloto, y me senté.
-No sabía de ya tenías carnet de conducir.
-En realidad no lo tengo, pero mis padres me dejan el coche.
-Muy lógido todo.
-Confía en mí.
-Lo intentaré.
Entonces, arrancó. Tenía miedo, ¿por qué engañaros? sabía que no tendría que estar en ese coche, en ese momento, y menos, a solas con esa persona. No tenía la menor idea de a donde se dirigían, ni con que estaba a punto de encontrarse cara a cara. ¿Cómo reaccionaría al conocer a esa tal 'Carolina'? en fin, tantas dudas, me pesan.
-¿Dónde vamos?
-¿Conoces el bar MerCurio?
-Sí, pero nunca he estado.
-Cenaremos allí. -Respondió sonriente.
Miré hacia abajo, no se que me pasa. Es mejor que le diga que me ha surgido algo, y que no puedo acompañarle... aunque en realidad quiera hacerlo. No me integraré con sus amigos, y después de todo esto, se olvidarán de mí.
-Dea, gracias por ayudarme con esto.
-De nada, aunque me gustaría que me explicaras el por qué, por qué yo.
-Cuando sea el momento, te lo explicaré.
Ninguno volvió a decir nada en todo el trayecto, llegaron, ambos dejaron sus chaquetas en el coche. En la puerta, alrededor de diez personas estaban esperándolos. Quizá conocía a alguien, pero solo de vista.
Hugo se notaba que estaba ancho allí, que ese era su lugar y esa era su gente. Con algunos amigos se abrazaba, y a otros les estrechaba la manos. A las chicas, las saludó con un beso. Incluso a una le dio una palmadita en el culo.
Yo, sin embargo, no sabía que hacer ni como actuar. Me miraban desde arriba, el más bajo me sacaba una cabeza.
-Hola guapa. -Me dijo un chico, atractivo, y me suena bastante. Es Carlos, tiene fama de putón, pero para no serlo.-
-Hola.
Creo que no esperaba esa respuesta tan sosa, estará acostumbrado a que las chicas que se echen encima en busca de sus labios, o a saber que otras cosas.
Quiero irme.
Pasamos, el camarero, debía de conocerles. Les saludó muy animado, y nos invitó a sentarnos en una mesa bastante grande. Incluso nos sobraba espacio. A mi derecha se encontraba Hugo, a mi izquierda, Carlos. No se que es peor. Nadie entiende que hago aquí, y yo, la primera.
-Bueno, ¿tú eres...? -Preguntó una peliroja, que se encontraba al lado de su amiga. Ambas parecían cariñosas entre ellas. En otra circunstancia, pensaria que eran lesbianas, pero no, ya que una se trata de la ex de Hugo.-
-Dea, me llamo Dea.
-Interesante Dea, háblanos de ti. -Sugerió otro de los chicos.-
-¿Qué queréis saber?
-¿Con cuántos te has liado?
-¿Has follado alguna vez?
-¿Fumas? ¿Bebes? ¿Estudias o trabajas?
Con esta última pregunta, todos soltaron una carcajada. Aunque algunos la disimularon más que otros. En ese momento, miro a mi derecha. Y allí está él, con su mirada clavada en mí, esperando respuestas.
-Me he liado con 3, no lo he hecho nunca, no fumo y bebo muy de vez en cuando.
-Y ahora dirás que te vas a la cama cuando acaban los Lunnis, ¿no? -Dijo la chica amiga de la peliroja. Esta es Carolina, me la juego.-
-Chavales, dejarla. No tiene la culpa de que seais unos enfermos mentales. -Carlos me sonrió.- Mira Dea, que si quieres yo te estreno.
-¿Pero tú eres gilipollas?