Llegó a su casa después de eso, le envió un whatsapp a Carlos diciéndole que mañana le vería, que estaba cansado y no le apetecía más fiesta. Este le respondió con un emoticono.
Hugo vive con su padre, y llegaría a la madrugada de trabajar. Su hermano hace un año que no vive con ellos, desde que acabó el instituto, Martín se fue a estudiar derecho a Madrid. Se siente solo allí.
Pero hay una cosa de la que no puede quejarse, y es, que vive genial, no le falta de nada. Su padre trabaja mucho, demasiado. Nunca ha tenido una buena relación con él, pero a veces le gustaría tener la oportunidad de poder pasar más tiempo a su lado.
Intenta olvidarse de todo.
Pone música desde su móvil, y empieza a tararear aquella canción con la que tanto se identificó tras dejarlo con Carol. Siempre de Rapsusklei.
No le ha sentado para nada bien lo último que le dijo Dea, ¿y ahora qué hace? Quizá su ex le haya dicho algo, o quizá se ha dado cuenta de que le gusta, y cada vez más. Todavía recuerda el primer día que la vio, ella estaba en segundo, y él, en cuarto. Y aunque tenían las clases en pisos diferentes, eso no fue un impedimento para fijarse en esa chica bajita, con su pelo largo y su cara de inocente. Se encontraron en el gimnasio, cuando ella tenía clases, y él y sus amigos, pidieron permiso para poder entrenar. Hacían una competición de saltos, y seguramente, ni se percatara de su presencia. Pero sin embargo, Hugo no olvidará la cara de odio de Dea, cuando le anunciaron que había quedado descalificada.
Nunca se había planteado una oportunidad con ella, nunca, hasta ahora. Espera que le salgan bien las cosas.
No la conoce demasiado, pero sabe, que está dispuesto a aceptarla con todo lo que incluya. Con todo.
Dea sube por las escaleras, toca el timbre. Su madre le abre, y le pregunta como le ha ido. Pero ella, no tiene ganas ni de responder. Le dice a todo que sí, y aprovecha su primer despiste para encerrarse en su habitación. Tiene muchas ganas de volver a hablar con Hugo, pero sabe que la ha liado. Que no le ha hablado bien, y que no cree que quiera hablar con ella. Aunque, el que no arriesga, no pierde, pero tampoco gana, como dice aquella frase de Natos y Waor que tanto le gusta.
De momento, enciende su ordenador Toshiba y se conecta a Skype, a esta hora, siempre suelen estar conectadas sus amigas, y los viernes, pueden pasarse horas hablando. Pero solo se encuentra Sofía. Decide enviarle la petición para hablar con ella por webcam, y no tarda en aceptar. Las dos amigas se ponen los cascos y comienzan la conversación.
-Hola tía, ¿qué tal el día?
-No sé, la verdad, ¿y el tuyo?
-Bien, pero no estamos hablando de mí, hoy conocías a los amigos de Hugo, ¿no? Cuéntame, quiero saberlo todo. Ya.
-Normal, al principio estaba muy nerviosa. Pero parece que les he caido bien, y ellos a mí también. Bueno, unos más que otros.
-¿Quiénes estaban que yo conozca? ¿estaba mi primo, Alex?
-No, Alex no. Estaban Carlos, Carolina, Ana, su amiga. Y los demás, solo me acuerdo de Lucas y Jesús, pero no les conocía de antes.
Y cambiando de tema, Sofía. ¿Sabes que le pasan a Clara y Celia? las noto raras, y no se si es solo conmigo.
-¿Raras? ¿en qué sentido?
Dea le cuenta a su amiga, la actitud de Celia, cuando fueron al entrenamiento. Y la repentida llamada telefónica de Clara. Todo esto le parece extraño, y aunque Sofía está al tanto de todo, no está segura de que deba decirle nada.
-Yo hoy he estado con ellas, y no me han comentado nada. Supongo que solo quieren que te vaya bien con él.
-¿Habéis quedado hoy?
-Sí, para adelantar deberes. Luego te los paso.
Eso es mentira, es la típica excusa que usamos con todo el mundo cuando quedamos para hacer cualquier cosa, pero que la use conmigo, pues... en fin. Está claro que hay algo que no quieren contarme.
-Pues, vale. Me voy a dormir, que estoy cansada. Adiós.
Puestos a mentir, ella también sabe hacerlo. Sin pensarlo, cierra Skype y acto seguido, el ordenador.
Le hubiera encantado quedar con ellas, e incluso con el resto de compañeros suyos de clase, como suelen hacer. Pero tenía otros planes.
Hoy no ha sido su día, está rayada, decide meterse en la cama, taparse y forzarse a dormir. Será lo mejor.
Son las 2:00 y no consigue dormirse, mañana por la mañana, no podrá recuperar lo que no descanse esta noche, le prometió a su madre que le ayudaría a limpiar y le acompañaría a comprar. Se maldice por esa promesa.
-Dea, duérmete, por favor.
jueves, 27 de febrero de 2014
lunes, 24 de febrero de 2014
Capítulo 5.
No creo que nadie esperara que dijera eso, pensé en irme, pero creo que peor forma de intentar llevarme bien con ellos, no había. A si que, ya daba igual.
-Toma corte, Carlos.
-¿Tú no tenías novia, chaval? -Volví a preguntar, ahora más enfadada.-
-Lo dejamos.
-¿Cuánto habéis estado? ¿Dos semanas? ¿Quizá tres o cuatro?
-Me gusta esta chica, Hugo.
-Por mí, vente con nosotros cuando quieras, tu carácter... pegas con nosotros. Sí señor, ya era hora de añadir otra chica al grupo.
Carolina me miró de reojo y dio toda su opinión con una media sonrisa. Le contesté de la misma manera. De ahí en adelante, las conversaciones no fueron mucho más entretenidas, tampoco entendía mucho.
Ellos son bastante parecidos, y eso es lo que los hace amigos. Les pasa como a mí con Celia, Clara y Sofía. Probablemente alguno de ellos con nosotras se aburriría.
-Dea, ¿qué opinas de rap y del rock?
-Rock, me gusta, lo aguanto. Pero no aguantaría sin rap.
-Eso suma puntos.
No he cruzado palabra con las chicas, tampoco con Hugo, quizás le moleste que me haya entendido con sus amigos. Quizás para las chicas sea una especie de rival. Pero no creo, no son animales.
-Voy al baño, vente Nuria. Dea, tú también.
No pregunté, no rechisté, simplemente me levanté y las seguí. Mal, Dea, mal. La peliroja se sentó en la encimera del baño, a esperar que saliera su amiga.
-¿Estás con Hugo, tía?
-¿Yo?
-Sí, tú.
-No, ¿por?
-Porque, me parece raro que repentinamente estés con nosotros, que somos mayores que tú, y tengamos tan pocas cosas en común.
-¿Vosotras sois las que conoceis a Hugo, no? Deberías estar al tanto de todo.
-¿De todo qué, pequeña?
-No me llames así. Mañana le acompañaré a su cumpleaños.
-¿En serio? Qué curioso, debería ir con Carolina.
Entonces, la nombrada, abrió la puerta del baño, y se quedó de pie, delante mía. O bien venía dispuesta a darme dos besos, o a cogerme de los pelos. No era capaz de saberlo por su expresión.
-Venga, Ángela. Que es un niña preciosa. Mira que carita tiene. Entiendo que a Hugo le guste. Les molamos así.
-Os agradecería a las dos, que dejarais de tratarme como si fuera un bebé, además, a Hugo no le gusto. Ni falta que hace, puedes irte otra vez con él.
-¿Estás a la defensiva, cariño?
-Tengo la regla.
-Respuesta más que suficiente. Quiero que seamos amigas, Dea.
Ángela no se cortó a la hora de mostrar en su cara, furia, mezclada con celos y ganas de golpear a alguien.
-No lo dices en serio.
Sonrió.
-Claro que lo digo en serio, ¿crees que te odio por qué Hugo se haya fijado en ti? No. A saber a cuantas se ha follado después de dejarlo conmigo.
No respondí.
-Ángela, ve yendo a la mesa si quieres.
Y sin mirarnos nuevamente, se dio la vuelta y se fue.
-Es así, no te preocupes. ¿Sabes? te ves madura, la típica niña buena, alguna que otra vez me suena haberme cruzado contigo en el instituto.
-Puede ser.
-De verdad que me gustaría que formaras parte de nuestro grupo. Y se totalmente lo que piensas de mí. Lo noto, en tu forma de contestar, de mirarme. Eres muy previsible, y eso me gusta. Eres como yo.
-No soy como tú.
-¿Te vienes con los demás? ¿O vas a seguir planteandote cosas aquí sola?
Esa chica... es rara. En todo momento se muestra firme y segura. Sabe lo que dice, y parece que conoce bien como me siento. Es como si me leyera la mente. Aunque parece sincera, espero que esto no sea solo un juego.
Se quedó en la puerta esperando que reaccionara, me guiñó un ojo. Y ambas volvimos a la mesa, y nos sentamos en nuestros respectivos lugares.
-¿Quién pone el tacabo de hoy?
-Yo -Dijo un chico rubio, al que todavía no había escuchado hablar. O al menos, no le había prestado atención.-
-Gonzalo tío, ¿a quién le has robado?
Mi móvil, empezó a vibrar en el bolsillo, la música está alta, sin decirle nada a nadie. Salí a la puerta.
-¿Mamá?
-Hija, ¿a qué hora vienes? Ya es tarde.
-Llevo fuera una hora y media. Es temprano.
-No tardes, y estate atenta al móvil. Si no, llamaré a tus amigas para hablarte, eh.
-Vale mamá, no tardaré. Adiós.
Mis amigas no saben nada de esto, creo que debería irme. Avisaré a Hugo, ni siquiera se a cuanto estoy de mi casa.
Parece que se me ha adelantado, cuando me he dado cuenta, ya venía en camino hacia mí.
-¿Estás bien?
-Me tengo que ir.
-¿Ya? pero, quédate un poco más.
-No puedo, ¿me voy andando?
-No, yo te llevo.
Me despedí de todos, incluso me han dado sus números de teléfono. Estoy contenta, ya voy en el coche camino de mi casa. Pero Hugo, no parece sentirse como yo.
-¿Qué te pasa a ti?
-Nada, ¿por?
-No me has hablado en toda la noche.
-Bueno, era tu momento, no el mío, quería que te integraras, y lo has hecho. Eso es bueno. Era lo que quería.
-No, no era lo que querías. Mírate, estás molesto.
-Carlos me ha pedido tu número.
-Y a mí.
-¿Y se lo has dado?
-Sí.
-En fin. Ya estamos aquí, ¿vendrás mañana o has cambiado de idea?
-Buah, tú estás muy rayado, eh. De verdad te lo digo, si no quieres que vaya, simplemente, dímelo. Pero no te hagas la víctima, ¿estás celoso? No, claro que no lo estás. Acabas de dejarlo con Carolina, y a saber a cuantas te habrás tirado después. Soy, la típica niña buena, a la que todos toman de tonta, ¿y sabes? tú y yo, no tenemos, nada, pero nada, en común.
-Toma corte, Carlos.
-¿Tú no tenías novia, chaval? -Volví a preguntar, ahora más enfadada.-
-Lo dejamos.
-¿Cuánto habéis estado? ¿Dos semanas? ¿Quizá tres o cuatro?
-Me gusta esta chica, Hugo.
-Por mí, vente con nosotros cuando quieras, tu carácter... pegas con nosotros. Sí señor, ya era hora de añadir otra chica al grupo.
Carolina me miró de reojo y dio toda su opinión con una media sonrisa. Le contesté de la misma manera. De ahí en adelante, las conversaciones no fueron mucho más entretenidas, tampoco entendía mucho.
Ellos son bastante parecidos, y eso es lo que los hace amigos. Les pasa como a mí con Celia, Clara y Sofía. Probablemente alguno de ellos con nosotras se aburriría.
-Dea, ¿qué opinas de rap y del rock?
-Rock, me gusta, lo aguanto. Pero no aguantaría sin rap.
-Eso suma puntos.
No he cruzado palabra con las chicas, tampoco con Hugo, quizás le moleste que me haya entendido con sus amigos. Quizás para las chicas sea una especie de rival. Pero no creo, no son animales.
-Voy al baño, vente Nuria. Dea, tú también.
No pregunté, no rechisté, simplemente me levanté y las seguí. Mal, Dea, mal. La peliroja se sentó en la encimera del baño, a esperar que saliera su amiga.
-¿Estás con Hugo, tía?
-¿Yo?
-Sí, tú.
-No, ¿por?
-Porque, me parece raro que repentinamente estés con nosotros, que somos mayores que tú, y tengamos tan pocas cosas en común.
-¿Vosotras sois las que conoceis a Hugo, no? Deberías estar al tanto de todo.
-¿De todo qué, pequeña?
-No me llames así. Mañana le acompañaré a su cumpleaños.
-¿En serio? Qué curioso, debería ir con Carolina.
Entonces, la nombrada, abrió la puerta del baño, y se quedó de pie, delante mía. O bien venía dispuesta a darme dos besos, o a cogerme de los pelos. No era capaz de saberlo por su expresión.
-Venga, Ángela. Que es un niña preciosa. Mira que carita tiene. Entiendo que a Hugo le guste. Les molamos así.
-Os agradecería a las dos, que dejarais de tratarme como si fuera un bebé, además, a Hugo no le gusto. Ni falta que hace, puedes irte otra vez con él.
-¿Estás a la defensiva, cariño?
-Tengo la regla.
-Respuesta más que suficiente. Quiero que seamos amigas, Dea.
Ángela no se cortó a la hora de mostrar en su cara, furia, mezclada con celos y ganas de golpear a alguien.
-No lo dices en serio.
Sonrió.
-Claro que lo digo en serio, ¿crees que te odio por qué Hugo se haya fijado en ti? No. A saber a cuantas se ha follado después de dejarlo conmigo.
No respondí.
-Ángela, ve yendo a la mesa si quieres.
Y sin mirarnos nuevamente, se dio la vuelta y se fue.
-Es así, no te preocupes. ¿Sabes? te ves madura, la típica niña buena, alguna que otra vez me suena haberme cruzado contigo en el instituto.
-Puede ser.
-De verdad que me gustaría que formaras parte de nuestro grupo. Y se totalmente lo que piensas de mí. Lo noto, en tu forma de contestar, de mirarme. Eres muy previsible, y eso me gusta. Eres como yo.
-No soy como tú.
-¿Te vienes con los demás? ¿O vas a seguir planteandote cosas aquí sola?
Esa chica... es rara. En todo momento se muestra firme y segura. Sabe lo que dice, y parece que conoce bien como me siento. Es como si me leyera la mente. Aunque parece sincera, espero que esto no sea solo un juego.
Se quedó en la puerta esperando que reaccionara, me guiñó un ojo. Y ambas volvimos a la mesa, y nos sentamos en nuestros respectivos lugares.
-¿Quién pone el tacabo de hoy?
-Yo -Dijo un chico rubio, al que todavía no había escuchado hablar. O al menos, no le había prestado atención.-
-Gonzalo tío, ¿a quién le has robado?
Mi móvil, empezó a vibrar en el bolsillo, la música está alta, sin decirle nada a nadie. Salí a la puerta.
-¿Mamá?
-Hija, ¿a qué hora vienes? Ya es tarde.
-Llevo fuera una hora y media. Es temprano.
-No tardes, y estate atenta al móvil. Si no, llamaré a tus amigas para hablarte, eh.
-Vale mamá, no tardaré. Adiós.
Mis amigas no saben nada de esto, creo que debería irme. Avisaré a Hugo, ni siquiera se a cuanto estoy de mi casa.
Parece que se me ha adelantado, cuando me he dado cuenta, ya venía en camino hacia mí.
-¿Estás bien?
-Me tengo que ir.
-¿Ya? pero, quédate un poco más.
-No puedo, ¿me voy andando?
-No, yo te llevo.
Me despedí de todos, incluso me han dado sus números de teléfono. Estoy contenta, ya voy en el coche camino de mi casa. Pero Hugo, no parece sentirse como yo.
-¿Qué te pasa a ti?
-Nada, ¿por?
-No me has hablado en toda la noche.
-Bueno, era tu momento, no el mío, quería que te integraras, y lo has hecho. Eso es bueno. Era lo que quería.
-No, no era lo que querías. Mírate, estás molesto.
-Carlos me ha pedido tu número.
-Y a mí.
-¿Y se lo has dado?
-Sí.
-En fin. Ya estamos aquí, ¿vendrás mañana o has cambiado de idea?
-Buah, tú estás muy rayado, eh. De verdad te lo digo, si no quieres que vaya, simplemente, dímelo. Pero no te hagas la víctima, ¿estás celoso? No, claro que no lo estás. Acabas de dejarlo con Carolina, y a saber a cuantas te habrás tirado después. Soy, la típica niña buena, a la que todos toman de tonta, ¿y sabes? tú y yo, no tenemos, nada, pero nada, en común.
viernes, 21 de febrero de 2014
Capítulo 4.
Esta noche es la cena con los amigos de Hugo, estoy atacada. Lo único que tengo decidido es la ropa. Y tampoco es nada del otro mundo, tengo que intentar caerles bien. Lo mejor que puedo hacer es integrarme.
El teléfono está sonando, es Clara.
-Hola tía, dime.
-¿Estás bien? te noto agitada.
-Así estoy. Nerviosa viva.
-¿Por lo de esta noche? Actúa como eres, les caerás bien.
-Encima creo que va Carolina, la ex de Hugo, imagínate que me peleo con ella.
-¿Por qué iba a pasar eso? ¿Acaso te gusta?
-Pues... -Dea, parate a pensar la respuesta- no lo sé. No me disgusta el chaval.
-Lánzate.
-¿YO? ¿Estás loca, tía? Para que me diga que no y quedar en verguenza. Quita, quita.
-Vale, pero piénsatelo. Te dejo, que veo que estás liada.
-Te quiero, adiós.
Las dos colgaron al mismo tiempo.
Que raras están estas-Pensó. Seguro que quieren que me haga amiga de ellos, y luego presentárselos. Desde luego que así no ayudan.
-HUGO, HUGO, HUGO, HUGO.
-¿Qué pasa, Clara?
-Creo que tienes posibilidades con Dea, le he preguntado que si le gustas, y se ha puesto muy nerviosa. Yo que tu lo intentaba.
-¿Ya? ¿tan pronto?
-Tú verás.
Si no me equivoco han quedado a las ocho, son las cinco.
Se duchó todo lo rápido que pudo, se desenredó el pelo, se lo secó. Se puso sus pantalones azules, con su jersey rosa bordado. Se pintó las uñas, echó el móvil y el dinero en su bolso. Y todavía le dio tiempo a ordenar su habitación.
Hugo tiene que estar por llegar ya. Paso de que mi madre escuche que un chico viene a buscarme, cree que voy a salir con Sofía, Celia y Clara.
-Mamá me voy, que me han dicho que baje.
-Vale mi vida, no llegues muy tarde.
Cogí mi chaqueta que se encontraba en la entrada, y bajé hasta el portal. Para estar casi en junio, hace bastante frío. Y por si fuera poco todo esto, un coche me enfocaba con sus luces y comenzó a pitar. Enseguida presentí que era para mí, y efectivamente, era Hugo, que venía a recogerme.
Se bajó del coche y se acercó a mí. -Hola guapa- fue todo lo que dijo, mientras que yo me limité a no contentar. Me abrió la puerta del copiloto, y me senté.
-No sabía de ya tenías carnet de conducir.
-En realidad no lo tengo, pero mis padres me dejan el coche.
-Muy lógido todo.
-Confía en mí.
-Lo intentaré.
Entonces, arrancó. Tenía miedo, ¿por qué engañaros? sabía que no tendría que estar en ese coche, en ese momento, y menos, a solas con esa persona. No tenía la menor idea de a donde se dirigían, ni con que estaba a punto de encontrarse cara a cara. ¿Cómo reaccionaría al conocer a esa tal 'Carolina'? en fin, tantas dudas, me pesan.
-¿Dónde vamos?
-¿Conoces el bar MerCurio?
-Sí, pero nunca he estado.
-Cenaremos allí. -Respondió sonriente.
Miré hacia abajo, no se que me pasa. Es mejor que le diga que me ha surgido algo, y que no puedo acompañarle... aunque en realidad quiera hacerlo. No me integraré con sus amigos, y después de todo esto, se olvidarán de mí.
-Dea, gracias por ayudarme con esto.
-De nada, aunque me gustaría que me explicaras el por qué, por qué yo.
-Cuando sea el momento, te lo explicaré.
Ninguno volvió a decir nada en todo el trayecto, llegaron, ambos dejaron sus chaquetas en el coche. En la puerta, alrededor de diez personas estaban esperándolos. Quizá conocía a alguien, pero solo de vista.
Hugo se notaba que estaba ancho allí, que ese era su lugar y esa era su gente. Con algunos amigos se abrazaba, y a otros les estrechaba la manos. A las chicas, las saludó con un beso. Incluso a una le dio una palmadita en el culo.
Yo, sin embargo, no sabía que hacer ni como actuar. Me miraban desde arriba, el más bajo me sacaba una cabeza.
-Hola guapa. -Me dijo un chico, atractivo, y me suena bastante. Es Carlos, tiene fama de putón, pero para no serlo.-
-Hola.
Creo que no esperaba esa respuesta tan sosa, estará acostumbrado a que las chicas que se echen encima en busca de sus labios, o a saber que otras cosas.
Quiero irme.
Pasamos, el camarero, debía de conocerles. Les saludó muy animado, y nos invitó a sentarnos en una mesa bastante grande. Incluso nos sobraba espacio. A mi derecha se encontraba Hugo, a mi izquierda, Carlos. No se que es peor. Nadie entiende que hago aquí, y yo, la primera.
-Bueno, ¿tú eres...? -Preguntó una peliroja, que se encontraba al lado de su amiga. Ambas parecían cariñosas entre ellas. En otra circunstancia, pensaria que eran lesbianas, pero no, ya que una se trata de la ex de Hugo.-
-Dea, me llamo Dea.
-Interesante Dea, háblanos de ti. -Sugerió otro de los chicos.-
-¿Qué queréis saber?
-¿Con cuántos te has liado?
-¿Has follado alguna vez?
-¿Fumas? ¿Bebes? ¿Estudias o trabajas?
Con esta última pregunta, todos soltaron una carcajada. Aunque algunos la disimularon más que otros. En ese momento, miro a mi derecha. Y allí está él, con su mirada clavada en mí, esperando respuestas.
-Me he liado con 3, no lo he hecho nunca, no fumo y bebo muy de vez en cuando.
-Y ahora dirás que te vas a la cama cuando acaban los Lunnis, ¿no? -Dijo la chica amiga de la peliroja. Esta es Carolina, me la juego.-
-Chavales, dejarla. No tiene la culpa de que seais unos enfermos mentales. -Carlos me sonrió.- Mira Dea, que si quieres yo te estreno.
-¿Pero tú eres gilipollas?
El teléfono está sonando, es Clara.
-Hola tía, dime.
-¿Estás bien? te noto agitada.
-Así estoy. Nerviosa viva.
-¿Por lo de esta noche? Actúa como eres, les caerás bien.
-Encima creo que va Carolina, la ex de Hugo, imagínate que me peleo con ella.
-¿Por qué iba a pasar eso? ¿Acaso te gusta?
-Pues... -Dea, parate a pensar la respuesta- no lo sé. No me disgusta el chaval.
-Lánzate.
-¿YO? ¿Estás loca, tía? Para que me diga que no y quedar en verguenza. Quita, quita.
-Vale, pero piénsatelo. Te dejo, que veo que estás liada.
-Te quiero, adiós.
Las dos colgaron al mismo tiempo.
Que raras están estas-Pensó. Seguro que quieren que me haga amiga de ellos, y luego presentárselos. Desde luego que así no ayudan.
-HUGO, HUGO, HUGO, HUGO.
-¿Qué pasa, Clara?
-Creo que tienes posibilidades con Dea, le he preguntado que si le gustas, y se ha puesto muy nerviosa. Yo que tu lo intentaba.
-¿Ya? ¿tan pronto?
-Tú verás.
Si no me equivoco han quedado a las ocho, son las cinco.
Se duchó todo lo rápido que pudo, se desenredó el pelo, se lo secó. Se puso sus pantalones azules, con su jersey rosa bordado. Se pintó las uñas, echó el móvil y el dinero en su bolso. Y todavía le dio tiempo a ordenar su habitación.
Hugo tiene que estar por llegar ya. Paso de que mi madre escuche que un chico viene a buscarme, cree que voy a salir con Sofía, Celia y Clara.
-Mamá me voy, que me han dicho que baje.
-Vale mi vida, no llegues muy tarde.
Cogí mi chaqueta que se encontraba en la entrada, y bajé hasta el portal. Para estar casi en junio, hace bastante frío. Y por si fuera poco todo esto, un coche me enfocaba con sus luces y comenzó a pitar. Enseguida presentí que era para mí, y efectivamente, era Hugo, que venía a recogerme.
Se bajó del coche y se acercó a mí. -Hola guapa- fue todo lo que dijo, mientras que yo me limité a no contentar. Me abrió la puerta del copiloto, y me senté.
-No sabía de ya tenías carnet de conducir.
-En realidad no lo tengo, pero mis padres me dejan el coche.
-Muy lógido todo.
-Confía en mí.
-Lo intentaré.
Entonces, arrancó. Tenía miedo, ¿por qué engañaros? sabía que no tendría que estar en ese coche, en ese momento, y menos, a solas con esa persona. No tenía la menor idea de a donde se dirigían, ni con que estaba a punto de encontrarse cara a cara. ¿Cómo reaccionaría al conocer a esa tal 'Carolina'? en fin, tantas dudas, me pesan.
-¿Dónde vamos?
-¿Conoces el bar MerCurio?
-Sí, pero nunca he estado.
-Cenaremos allí. -Respondió sonriente.
Miré hacia abajo, no se que me pasa. Es mejor que le diga que me ha surgido algo, y que no puedo acompañarle... aunque en realidad quiera hacerlo. No me integraré con sus amigos, y después de todo esto, se olvidarán de mí.
-Dea, gracias por ayudarme con esto.
-De nada, aunque me gustaría que me explicaras el por qué, por qué yo.
-Cuando sea el momento, te lo explicaré.
Ninguno volvió a decir nada en todo el trayecto, llegaron, ambos dejaron sus chaquetas en el coche. En la puerta, alrededor de diez personas estaban esperándolos. Quizá conocía a alguien, pero solo de vista.
Hugo se notaba que estaba ancho allí, que ese era su lugar y esa era su gente. Con algunos amigos se abrazaba, y a otros les estrechaba la manos. A las chicas, las saludó con un beso. Incluso a una le dio una palmadita en el culo.
Yo, sin embargo, no sabía que hacer ni como actuar. Me miraban desde arriba, el más bajo me sacaba una cabeza.
-Hola guapa. -Me dijo un chico, atractivo, y me suena bastante. Es Carlos, tiene fama de putón, pero para no serlo.-
-Hola.
Creo que no esperaba esa respuesta tan sosa, estará acostumbrado a que las chicas que se echen encima en busca de sus labios, o a saber que otras cosas.
Quiero irme.
Pasamos, el camarero, debía de conocerles. Les saludó muy animado, y nos invitó a sentarnos en una mesa bastante grande. Incluso nos sobraba espacio. A mi derecha se encontraba Hugo, a mi izquierda, Carlos. No se que es peor. Nadie entiende que hago aquí, y yo, la primera.
-Bueno, ¿tú eres...? -Preguntó una peliroja, que se encontraba al lado de su amiga. Ambas parecían cariñosas entre ellas. En otra circunstancia, pensaria que eran lesbianas, pero no, ya que una se trata de la ex de Hugo.-
-Dea, me llamo Dea.
-Interesante Dea, háblanos de ti. -Sugerió otro de los chicos.-
-¿Qué queréis saber?
-¿Con cuántos te has liado?
-¿Has follado alguna vez?
-¿Fumas? ¿Bebes? ¿Estudias o trabajas?
Con esta última pregunta, todos soltaron una carcajada. Aunque algunos la disimularon más que otros. En ese momento, miro a mi derecha. Y allí está él, con su mirada clavada en mí, esperando respuestas.
-Me he liado con 3, no lo he hecho nunca, no fumo y bebo muy de vez en cuando.
-Y ahora dirás que te vas a la cama cuando acaban los Lunnis, ¿no? -Dijo la chica amiga de la peliroja. Esta es Carolina, me la juego.-
-Chavales, dejarla. No tiene la culpa de que seais unos enfermos mentales. -Carlos me sonrió.- Mira Dea, que si quieres yo te estreno.
-¿Pero tú eres gilipollas?
miércoles, 19 de febrero de 2014
Capítulo 3.
Llegaron algo tarde, pero lo importante esque llegaron. Entraron con total normalidad, como si conocieran ese sitio de toda la vida.
Se sentaron en las gradas más altas, donde vivían perfectamente a Hugo, Alex y más caras desconocidas.
-¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Sonreir, y tragarme el entrenamiento?
-Supongo, nunca he sido novia de un jugador.
-Eh, que yo tampoco. Ni lo voy a ser.
-Bueno, todo se verá. Hugo es guapo, osea, para lo que estamos acostumbradas a ver, no está nada mal.
-Lo sé, y lo he pensado. Pero, ¿dónde voy yo con un chico como él?
-O, ¿dónde va él con una chica como tú?
-No se, tía... no creo que los mayores les presten atención a las más pequeñas.
-Eso es una tontería, si os gustáis, no importan vuestras edades, ni nada en absoluto.
-Supongo que tienes razón. Le dije que tenía que presentarme a sus amigos, y me dijo que eso estaba hecho. Quizá tenga una oportunidad.
No lo veo claro, para nada, veremos a ver como se presenta la tarde -Pensó.
-Entonces, ¿te gusta?
-No puede gustarme, no le conozco.
-¿Saldrías con él?
-Yo que se, tía. No me agobies.
-Oye, yo creo que debería ir yéndome ya, se me va a hacer tarde. Y mi profesora y mi madre me van a matar.
-Pues me voy contigo, no quiero quedarme sola.
-No, tú te quedas. Que esto acaba en unos 20 minutos. Pero acompáñame hasta la puerta si quieres.
-Si anda, vamos.
Bajaron por las escaleras, y para llegar a la puerta cruzaron por una de las canastas de la pista, cuando Dea se dió cuenta, de que Hugo y Celia se saludaron y se sonrieron.
Estaba fliplando en ese momento, ¿no se supone que la única que le 'conocía' era Sofía? En fin.
Las amigas se abrazaron y cada una se fue por su lado.
Volvió a donde estaba, algo confusa por lo que acababa de presenciar. Si le conocía, ¿por qué no le dijo nada?
Se sentó y revisó instagram, twitter y whatsapp, una y otra vez, con disimulo. Hasta que por fín el entrenamiento acabó. Todos los jugadores abandonaron la pista, todos, menos Hugo, que comenzó a mirar a Dea, con la intención de que bajara. Y esta, así lo hizo.
-¿Habías estado alguna vez en un entrenamiento de baloncesto? -Preguntó Hugo mientras se acercaba para darle dos besos-
-No, la verdad esque está bien. El baloncesto me gusta.
-Prueba a tirar.
-No, que tengo muy mala puntería.
-Es fácil, prueba.
Entre verguenza y verguenza, tiró, primer intento fallido. Lo intentó dos veces más, pero tampoco lo consiguió.
-Esto no es lo mío.
Entonces, Hugo se colocó detrás de Dea, mientras que ella empezó a ponerse muy nerviosa, le puso la pelota entre las manos, las cogió y las levantó.
-Ahora, salta y prueba.
Y esta vez, lo consiguió. Hugo sonrió satisfecho.
-Vaya, se nota que sabes de esto.
-Gracias, ¿nos vamos?
-Sí, vámonos.
Antes que nada, él se despidió del entrenador.
-Muy buen entrenamiento, Hugo.
-Gracias Kisko.
-Nunca te había visto con esta chica, ¿es tu novia?
-No, no, es una amiga.
Ambos miraron hacia abajo, rojos, acalorados.
-Ah, perdón, perdón.
-Nada, hasta el viernes.
Ninguno volvió a mirar al otro a la cara durante un buen rato, probablemente aquel comentario hubiera provocado tal nerviosismo.
Se sentaron en un banco del parque.
-Bueno, cuéntame cosas de ti, y explícame bien lo del sábado, por favor.
-Según lo que me han dicho, será a las diez, en la casa de uno de ellos. Pero no estoy seguro de quien, ya te avisaré.
-Y, ¿qué se supone que tengo que hacer?
-Seguirles el rollo, hablar con la gente, y si te preguntan... vienes conmigo.
-A tus amigos solo los conozco de vista, voy a estar marginada.
-No, puedes estar conmigo.
-Pero es tu cumpleaños, y todo girará en torno a ti.
-Bueno, te presentaré a algunos antes, para que cuando llegue el momento, ya les conozcas.
-¿Y qué me pongo?
-No hace falta que te arregles demasiado, pero, eso mejor que lo elijas tú.
Los dos callaron, aún incapaces de mirarse a los ojos.
-Este parque es precioso, de pequeña siempre venía a tomar helados con mi padre. Ya no suelo venir nunca.
-Yo venía aquí con mi ex.
-¿Quién es tu ex?
-Carolina se llama. Le encantaba estar aquí.
-¿Por qué lo dejasteis? y, si no quieres hablar de esto no pasa nada.
-Da igual, no me arrepiento de nada de lo que pasó. Lo dejamos, simplemente porque no éramos los mismos. Cambiamos, y todo dejó de funcionar.
-Lo siento.
-Es igual, ¿y tú, tienes novio?
-No -respondió entre risas- la verdad es que no.
-Cuando te presente a mis amigos te ligas a alguno. Creo que pasado mañana cenaremos todos juntos, a si que, estás invitada.
-Si, voy a ligarme a muchos, si.
-¿Por qué no? Ellos se lían con cualquiera.
-Yo no me considero cualquiera.
-Perdona, no quería que sonara así. Claro que tu no eres cualquiera, encontrarás a alguien que te quiera por como eres. Y no tardarás mucho.
-Gracias, aunque eso lo pongo en duda.
-Vente, que te invito a un helado.
Se sentaron en las gradas más altas, donde vivían perfectamente a Hugo, Alex y más caras desconocidas.
-¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Sonreir, y tragarme el entrenamiento?
-Supongo, nunca he sido novia de un jugador.
-Eh, que yo tampoco. Ni lo voy a ser.
-Bueno, todo se verá. Hugo es guapo, osea, para lo que estamos acostumbradas a ver, no está nada mal.
-Lo sé, y lo he pensado. Pero, ¿dónde voy yo con un chico como él?
-O, ¿dónde va él con una chica como tú?
-No se, tía... no creo que los mayores les presten atención a las más pequeñas.
-Eso es una tontería, si os gustáis, no importan vuestras edades, ni nada en absoluto.
-Supongo que tienes razón. Le dije que tenía que presentarme a sus amigos, y me dijo que eso estaba hecho. Quizá tenga una oportunidad.
No lo veo claro, para nada, veremos a ver como se presenta la tarde -Pensó.
-Entonces, ¿te gusta?
-No puede gustarme, no le conozco.
-¿Saldrías con él?
-Yo que se, tía. No me agobies.
-Oye, yo creo que debería ir yéndome ya, se me va a hacer tarde. Y mi profesora y mi madre me van a matar.
-Pues me voy contigo, no quiero quedarme sola.
-No, tú te quedas. Que esto acaba en unos 20 minutos. Pero acompáñame hasta la puerta si quieres.
-Si anda, vamos.
Bajaron por las escaleras, y para llegar a la puerta cruzaron por una de las canastas de la pista, cuando Dea se dió cuenta, de que Hugo y Celia se saludaron y se sonrieron.
Estaba fliplando en ese momento, ¿no se supone que la única que le 'conocía' era Sofía? En fin.
Las amigas se abrazaron y cada una se fue por su lado.
Volvió a donde estaba, algo confusa por lo que acababa de presenciar. Si le conocía, ¿por qué no le dijo nada?
Se sentó y revisó instagram, twitter y whatsapp, una y otra vez, con disimulo. Hasta que por fín el entrenamiento acabó. Todos los jugadores abandonaron la pista, todos, menos Hugo, que comenzó a mirar a Dea, con la intención de que bajara. Y esta, así lo hizo.
-¿Habías estado alguna vez en un entrenamiento de baloncesto? -Preguntó Hugo mientras se acercaba para darle dos besos-
-No, la verdad esque está bien. El baloncesto me gusta.
-Prueba a tirar.
-No, que tengo muy mala puntería.
-Es fácil, prueba.
Entre verguenza y verguenza, tiró, primer intento fallido. Lo intentó dos veces más, pero tampoco lo consiguió.
-Esto no es lo mío.
Entonces, Hugo se colocó detrás de Dea, mientras que ella empezó a ponerse muy nerviosa, le puso la pelota entre las manos, las cogió y las levantó.
-Ahora, salta y prueba.
Y esta vez, lo consiguió. Hugo sonrió satisfecho.
-Vaya, se nota que sabes de esto.
-Gracias, ¿nos vamos?
-Sí, vámonos.
Antes que nada, él se despidió del entrenador.
-Muy buen entrenamiento, Hugo.
-Gracias Kisko.
-Nunca te había visto con esta chica, ¿es tu novia?
-No, no, es una amiga.
Ambos miraron hacia abajo, rojos, acalorados.
-Ah, perdón, perdón.
-Nada, hasta el viernes.
Ninguno volvió a mirar al otro a la cara durante un buen rato, probablemente aquel comentario hubiera provocado tal nerviosismo.
Se sentaron en un banco del parque.
-Bueno, cuéntame cosas de ti, y explícame bien lo del sábado, por favor.
-Según lo que me han dicho, será a las diez, en la casa de uno de ellos. Pero no estoy seguro de quien, ya te avisaré.
-Y, ¿qué se supone que tengo que hacer?
-Seguirles el rollo, hablar con la gente, y si te preguntan... vienes conmigo.
-A tus amigos solo los conozco de vista, voy a estar marginada.
-No, puedes estar conmigo.
-Pero es tu cumpleaños, y todo girará en torno a ti.
-Bueno, te presentaré a algunos antes, para que cuando llegue el momento, ya les conozcas.
-¿Y qué me pongo?
-No hace falta que te arregles demasiado, pero, eso mejor que lo elijas tú.
Los dos callaron, aún incapaces de mirarse a los ojos.
-Este parque es precioso, de pequeña siempre venía a tomar helados con mi padre. Ya no suelo venir nunca.
-Yo venía aquí con mi ex.
-¿Quién es tu ex?
-Carolina se llama. Le encantaba estar aquí.
-¿Por qué lo dejasteis? y, si no quieres hablar de esto no pasa nada.
-Da igual, no me arrepiento de nada de lo que pasó. Lo dejamos, simplemente porque no éramos los mismos. Cambiamos, y todo dejó de funcionar.
-Lo siento.
-Es igual, ¿y tú, tienes novio?
-No -respondió entre risas- la verdad es que no.
-Cuando te presente a mis amigos te ligas a alguno. Creo que pasado mañana cenaremos todos juntos, a si que, estás invitada.
-Si, voy a ligarme a muchos, si.
-¿Por qué no? Ellos se lían con cualquiera.
-Yo no me considero cualquiera.
-Perdona, no quería que sonara así. Claro que tu no eres cualquiera, encontrarás a alguien que te quiera por como eres. Y no tardarás mucho.
-Gracias, aunque eso lo pongo en duda.
-Vente, que te invito a un helado.
Capítulo 2.
Necesito llegar a mi casa. Sentarme. Y relajarme. La mochila me pesa, y me duele la cabeza.
Como siempre, tocó el timbre de su casa, su madré abrió y le llevó la mochila a su habitación, mientras ella se lava las manos. Para comer las dos juntas.
-¿Qué tal el día, cariño?
-Un rollo, como siempre.
-¿Has quedado con tus amigas esta tarde?
La verdad esque ni se me había pasado por la cabeza, pensó.
-No, creo que esta tarde haré otras cosas. ¿Y tú? ¿Esta tarde trabajas?
-Me parece que sí.
Entonces, podría arovechar quedar con Hugo, no es mala idea.
-Y... este finde, ¿con quién me toca estar?
-Creo que conmigo, tú padre se iba de nuevo a Málaga.
-Ah, perfecto. Ya no quiero comer más, ¿te importa que me vaya a mi habitación?
Se puso de pie y subió. Cogió el móvil y les escribió a sus amigas, acto seguido, añadió a Hugo a sus contactos. Salía realmente guapo en la foto de perfil.
-Tía, yo que tú quedaba con él. -Dijo Sofía.
-No, que verguenza.
-Si de todas maneras le verás el sábado, mejor que le conozcas, ¿no?
-Supongo que sí, pero me da mucho palo, en serio.
-Tú háblale.
-Hola, soy Dea.
-Hola, ¿qué tal?
-Bien, bien... es que, he estado pensando en lo del sábado, y no sé, me gustaría conocerte antes.
-Por mí encantado, ¿quiéres que quedemos o algo?
-Sí, eso era lo que te iba a pedir.
-Dime día, hora, lugar.
-Estamos a miércoles, y eso es el sábado. Yo hoy estoy libre, aunque quizás sea pronto.
-Hoy tengo entrenamiento hasta las seis, si quieres venir a verme.
-¿A verte?
-Sí, si tú quieres, claro está.
-Me encantaría, ¿dónde entrenas?
-¿Sabes dónde está el nuevo gimnasio? En la calle de atrás de la heladería Helman.
-Sí, claro.
-Allí nos vemos. Empezamos a las cuatro y media, ve cuando quieras.
-Hasta luego.
-NENAAS, me ha dicho que vaya a verle entrenar.
-¿EN SERIO?
-¡QUE FUERTEE!
-Esto me se yo como acaba...
-Por cierto, ¿alguien sabe dónde está el gimnasio nuevo?
-Sí, mi primo entrena allí. -Comentó Sofía.
-Llévame.
-Tengo clases, ve andando. Estará a unos 15 minutos de tu casa.
-Me has dejado como estaba.
-Dea, yo creo que se donde está. Yo te acompaño.
-Gracias Celia. Te espero en mi casa.
¿Por qué aceptaré nada? ¿Qué van a pensar sus amigos cuando me vean con él? Tendría que haberle dicho que no, para colmo, ni siquiera se donde está ese gimnasio. Soy demasiado tonta. Lo sé.
Tal y como dijo Celia, en 15 minutos casi exactos, ya estaba en su casa. Tocó la puerta.
-Celia, gracias por venir, te necesitaba. Tienes que ayudarme a decidir que me pongo, porque no se que se ponen las chicas para ir a ver a ver un entrenamiento de baloncesto.
-Pues, abre el armario, vamos a ver que tienes.
-Creo que lo mejor será ponerme mis vaqueros oscuros, con la sudadera esta gris, ¿demasiao desarreglada?
-No, yo creo que está bien.
-Perfecto, ¿qué hora es?
-Nos da tiempo de sobra, tranquila.
-¿Llevo algo para comer? Estoy muy nerviosa, no se de que hablarle, ni como comportarme, ¿y si la cago?
-Dea, tranquilízate, no es una cita. Solamente, engánchate al tema del que empecéis hablando, y los demás surgirán solos, no te agobies.
-Porfavor, quédate conmigo hasta las seis, que es cuando acaba. Que yo sola... me voy a aburrir.
-Vale, pero que conste, que si llego tarde a piano, te echaré la culpa.
-Tranquila, que yo me hago responsable. -Respondió Dea mientras le guiñaba un ojo a su amiga-. Creo que solo me llevaré el móvil, y dinero, de todos modos no creo que me de hambre.
-Vámonos, que si no, andando llegaremos tarde, para variar.
Como siempre, tocó el timbre de su casa, su madré abrió y le llevó la mochila a su habitación, mientras ella se lava las manos. Para comer las dos juntas.
-¿Qué tal el día, cariño?
-Un rollo, como siempre.
-¿Has quedado con tus amigas esta tarde?
La verdad esque ni se me había pasado por la cabeza, pensó.
-No, creo que esta tarde haré otras cosas. ¿Y tú? ¿Esta tarde trabajas?
-Me parece que sí.
Entonces, podría arovechar quedar con Hugo, no es mala idea.
-Y... este finde, ¿con quién me toca estar?
-Creo que conmigo, tú padre se iba de nuevo a Málaga.
-Ah, perfecto. Ya no quiero comer más, ¿te importa que me vaya a mi habitación?
Se puso de pie y subió. Cogió el móvil y les escribió a sus amigas, acto seguido, añadió a Hugo a sus contactos. Salía realmente guapo en la foto de perfil.
-Tía, yo que tú quedaba con él. -Dijo Sofía.
-No, que verguenza.
-Si de todas maneras le verás el sábado, mejor que le conozcas, ¿no?
-Supongo que sí, pero me da mucho palo, en serio.
-Tú háblale.
-Hola, soy Dea.
-Hola, ¿qué tal?
-Bien, bien... es que, he estado pensando en lo del sábado, y no sé, me gustaría conocerte antes.
-Por mí encantado, ¿quiéres que quedemos o algo?
-Sí, eso era lo que te iba a pedir.
-Dime día, hora, lugar.
-Estamos a miércoles, y eso es el sábado. Yo hoy estoy libre, aunque quizás sea pronto.
-Hoy tengo entrenamiento hasta las seis, si quieres venir a verme.
-¿A verte?
-Sí, si tú quieres, claro está.
-Me encantaría, ¿dónde entrenas?
-¿Sabes dónde está el nuevo gimnasio? En la calle de atrás de la heladería Helman.
-Sí, claro.
-Allí nos vemos. Empezamos a las cuatro y media, ve cuando quieras.
-Hasta luego.
-NENAAS, me ha dicho que vaya a verle entrenar.
-¿EN SERIO?
-¡QUE FUERTEE!
-Esto me se yo como acaba...
-Por cierto, ¿alguien sabe dónde está el gimnasio nuevo?
-Sí, mi primo entrena allí. -Comentó Sofía.
-Llévame.
-Tengo clases, ve andando. Estará a unos 15 minutos de tu casa.
-Me has dejado como estaba.
-Dea, yo creo que se donde está. Yo te acompaño.
-Gracias Celia. Te espero en mi casa.
¿Por qué aceptaré nada? ¿Qué van a pensar sus amigos cuando me vean con él? Tendría que haberle dicho que no, para colmo, ni siquiera se donde está ese gimnasio. Soy demasiado tonta. Lo sé.
Tal y como dijo Celia, en 15 minutos casi exactos, ya estaba en su casa. Tocó la puerta.
-Celia, gracias por venir, te necesitaba. Tienes que ayudarme a decidir que me pongo, porque no se que se ponen las chicas para ir a ver a ver un entrenamiento de baloncesto.
-Pues, abre el armario, vamos a ver que tienes.
-Creo que lo mejor será ponerme mis vaqueros oscuros, con la sudadera esta gris, ¿demasiao desarreglada?
-No, yo creo que está bien.
-Perfecto, ¿qué hora es?
-Nos da tiempo de sobra, tranquila.
-¿Llevo algo para comer? Estoy muy nerviosa, no se de que hablarle, ni como comportarme, ¿y si la cago?
-Dea, tranquilízate, no es una cita. Solamente, engánchate al tema del que empecéis hablando, y los demás surgirán solos, no te agobies.
-Porfavor, quédate conmigo hasta las seis, que es cuando acaba. Que yo sola... me voy a aburrir.
-Vale, pero que conste, que si llego tarde a piano, te echaré la culpa.
-Tranquila, que yo me hago responsable. -Respondió Dea mientras le guiñaba un ojo a su amiga-. Creo que solo me llevaré el móvil, y dinero, de todos modos no creo que me de hambre.
-Vámonos, que si no, andando llegaremos tarde, para variar.
Capítulo 1.
Entonces, bajó corriendo las escaleras, todo lo rápido que pudo. Le vio. Corrió hacia él. Y le besó. Aunque sabía que no tenía que hacerlo. Aunque sabía lo que eso suponía. Pero le quería, y por eso le besó. Y por razones, que solo ella entendía, confiaba en él.
Capítulo 1.
Dea caminaba por el pasillo camino a su clase, como siempre, con Celia, Sofía y Clara, acompañándola. Era tercera hora, y tenían ganas de salir al recreo.
-Luego nos vemos, tías. -Dijo Clara- mientras se alejaba a tecnología, mientras que sus amigas, tenían sociales.
-¡NO HA VENIDO EL PROFESOR! ¡NO HA VENIDO!
-¡HORA LIBRE! ¡TOMAAA!
Las 3 chicas se miraron con complicidad, hora libre significaba salir al patio, y eso significa, una hora más de cotilleos. Se sentaron en el porche del instituto, donde siempre podría encontrárselas, si se las busca.
-¿Alguna novedad? -Preguntó Sofía.
-Ey, mirad a esos que están jugando al baloncesto, ¿son los de primero de bachiller, no? No están nada mal.
-Tía, están aquí todos los días, ¿ahora te enteras?
-Nunca les había prestado atención, la verdad. Ese no es feo, el de la camiseta roja con los superhéroes.
-Tiene novia.
-Joder, Sofía, siempre destrozando mis ilusiones.
-¿Qué ilusiones, Dea? Están buenos, y probablemente podrían estar con la chica que se les antojara. No creo que se fijaran en unas chicas de 3º de la ESO.
-Ya verás como sí. ¿Cómo podría llamar su atención? Tienen que fijarse en nosotras.
-Háblales por whatsapp.
-Claro. -Respondió con tono irónico- como tengo sus números.
-Yo puedo conseguirte el de alguno, elije bien, solo uno.
-¿Solo uno? Uf, a ver. Si el de rojo ya está cogido, pues, el del peto amarillo. Con los botines fluorescentes. Ese me gusta. ¿Cómo lo vas a conseguir?
-Mi primo me lo da, tú tranquila.
-¿Qué primo?
-Alex.
Entonces, se dieron cuenta de que todos los chicos de los que hablaban, las observaban. Se miraron, buscando donde estaba aquello que llamaba tanto la atención. Pero no estaba en ellas, si no, en la pelota de baloncesto que había caído junto a Dea. A si que, se puso de pie, y se la dio a uno de ellos, quien se agachó y le susurró al oído: espérame a la salida, que tengo que hablar contigo. Antes de que dijera nada, el chico, cogió la pelota y volvió al partido.
Dea volvió a su sitio, y les contó a sus amigas lo que acababa de pasar. Ninguna entendía nada.
-¿Quién es ese chico? ¿Por qué me ha hablado como si nos conociéramos?
-A lo mejor te conoce, de sus sueños.
-No seas imbécil, Celia. ¿Esperareis conmigo a la salida?
-Quiere hablar contigo, no con nosotras, pero ya nos contarás esta tarde.
-Vale, vale.
El recreo y las 3 siguientes horas a Dea se le hicieron eternas, teniendo en cuenta que estaba ansiosa por saber lo que tenían que decirle. Primero inglés, luego francés y por último, música. Por fín tocó el timbre. Dea se quedó sola en la puerta del instituto, después de despedir a Sofía, Clara y Celia. Miraba el reloj, llegaría tarde a comer. Su madre se enfadaría. Pero tenía que esperar.
-Cucú.
-Ah, hola. Soy Dea.
-Lo sé, yo soy Hugo. Perdona por haberte dicho eso antes tan así.
-Vale, vale. Pero, ¿a qué viene todo esto?
-Necesito tu ayuda.
-¿La mía? ¿Por qué?
-Te va a sonar un poco raro, pero no es una trola. Resulta, que en mi grupo de amigos, somos 5, y en el cumpleaños de cada uno de nosotros, hacemos una especie de fiesta, que se encargan de organizar los otros 4, y la única condición que ponen es, que el cumpleañero tiene que ir acompañado por una chica. Y eso es lo que te quería pedir.
-¿Y por qué yo? ¿de qué me conoces?
-Te he visto en fotos con Sofía. Y a ella la conozco del cumpleaños de Alex.
-Y, ¿cuándo sería eso del cumpleaños?
-El sábado.
-Vale, pues, si solo es acompañarte. Supongo que puedo hacerlo. Pero, a cambio de una cosa.
-¿De qué?
-De que me presentes a tus amigos.
-Hecho. Ah, y toma mi número.
-Veo que has pensado en todo, luego te hablo. Hasta luego.
-Adiós Dea.
Capítulo 1.
Dea caminaba por el pasillo camino a su clase, como siempre, con Celia, Sofía y Clara, acompañándola. Era tercera hora, y tenían ganas de salir al recreo.
-Luego nos vemos, tías. -Dijo Clara- mientras se alejaba a tecnología, mientras que sus amigas, tenían sociales.
-¡NO HA VENIDO EL PROFESOR! ¡NO HA VENIDO!
-¡HORA LIBRE! ¡TOMAAA!
Las 3 chicas se miraron con complicidad, hora libre significaba salir al patio, y eso significa, una hora más de cotilleos. Se sentaron en el porche del instituto, donde siempre podría encontrárselas, si se las busca.
-¿Alguna novedad? -Preguntó Sofía.
-Ey, mirad a esos que están jugando al baloncesto, ¿son los de primero de bachiller, no? No están nada mal.
-Tía, están aquí todos los días, ¿ahora te enteras?
-Nunca les había prestado atención, la verdad. Ese no es feo, el de la camiseta roja con los superhéroes.
-Tiene novia.
-Joder, Sofía, siempre destrozando mis ilusiones.
-¿Qué ilusiones, Dea? Están buenos, y probablemente podrían estar con la chica que se les antojara. No creo que se fijaran en unas chicas de 3º de la ESO.
-Ya verás como sí. ¿Cómo podría llamar su atención? Tienen que fijarse en nosotras.
-Háblales por whatsapp.
-Claro. -Respondió con tono irónico- como tengo sus números.
-Yo puedo conseguirte el de alguno, elije bien, solo uno.
-¿Solo uno? Uf, a ver. Si el de rojo ya está cogido, pues, el del peto amarillo. Con los botines fluorescentes. Ese me gusta. ¿Cómo lo vas a conseguir?
-Mi primo me lo da, tú tranquila.
-¿Qué primo?
-Alex.
Entonces, se dieron cuenta de que todos los chicos de los que hablaban, las observaban. Se miraron, buscando donde estaba aquello que llamaba tanto la atención. Pero no estaba en ellas, si no, en la pelota de baloncesto que había caído junto a Dea. A si que, se puso de pie, y se la dio a uno de ellos, quien se agachó y le susurró al oído: espérame a la salida, que tengo que hablar contigo. Antes de que dijera nada, el chico, cogió la pelota y volvió al partido.
Dea volvió a su sitio, y les contó a sus amigas lo que acababa de pasar. Ninguna entendía nada.
-¿Quién es ese chico? ¿Por qué me ha hablado como si nos conociéramos?
-A lo mejor te conoce, de sus sueños.
-No seas imbécil, Celia. ¿Esperareis conmigo a la salida?
-Quiere hablar contigo, no con nosotras, pero ya nos contarás esta tarde.
-Vale, vale.
El recreo y las 3 siguientes horas a Dea se le hicieron eternas, teniendo en cuenta que estaba ansiosa por saber lo que tenían que decirle. Primero inglés, luego francés y por último, música. Por fín tocó el timbre. Dea se quedó sola en la puerta del instituto, después de despedir a Sofía, Clara y Celia. Miraba el reloj, llegaría tarde a comer. Su madre se enfadaría. Pero tenía que esperar.
-Cucú.
-Ah, hola. Soy Dea.
-Lo sé, yo soy Hugo. Perdona por haberte dicho eso antes tan así.
-Vale, vale. Pero, ¿a qué viene todo esto?
-Necesito tu ayuda.
-¿La mía? ¿Por qué?
-Te va a sonar un poco raro, pero no es una trola. Resulta, que en mi grupo de amigos, somos 5, y en el cumpleaños de cada uno de nosotros, hacemos una especie de fiesta, que se encargan de organizar los otros 4, y la única condición que ponen es, que el cumpleañero tiene que ir acompañado por una chica. Y eso es lo que te quería pedir.
-¿Y por qué yo? ¿de qué me conoces?
-Te he visto en fotos con Sofía. Y a ella la conozco del cumpleaños de Alex.
-Y, ¿cuándo sería eso del cumpleaños?
-El sábado.
-Vale, pues, si solo es acompañarte. Supongo que puedo hacerlo. Pero, a cambio de una cosa.
-¿De qué?
-De que me presentes a tus amigos.
-Hecho. Ah, y toma mi número.
-Veo que has pensado en todo, luego te hablo. Hasta luego.
-Adiós Dea.
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