miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 1.

Entonces, bajó corriendo las escaleras, todo lo rápido que pudo. Le vio. Corrió hacia él. Y le besó. Aunque sabía que no tenía que hacerlo. Aunque sabía lo que eso suponía. Pero le quería, y por eso le besó. Y por razones, que solo ella entendía, confiaba en él.

Capítulo 1.

Dea caminaba por el pasillo camino a su clase, como siempre, con Celia, Sofía y Clara, acompañándola. Era tercera hora, y tenían ganas de salir al recreo.

-Luego nos vemos, tías. -Dijo Clara- mientras se alejaba a tecnología, mientras que sus amigas, tenían sociales.

-¡NO HA VENIDO EL PROFESOR! ¡NO HA VENIDO!

-¡HORA LIBRE! ¡TOMAAA!

Las 3 chicas se miraron con complicidad, hora libre significaba salir al patio, y eso significa, una hora más de cotilleos. Se sentaron en el porche del instituto, donde siempre podría encontrárselas, si se las busca.

-¿Alguna novedad? -Preguntó Sofía.

-Ey, mirad a esos que están jugando al baloncesto, ¿son los de primero de bachiller, no? No están nada mal.

-Tía, están aquí todos los días, ¿ahora te enteras?

-Nunca les había prestado atención, la verdad. Ese no es feo, el de la camiseta roja con los superhéroes.

-Tiene novia.

-Joder, Sofía, siempre destrozando mis ilusiones.

-¿Qué ilusiones, Dea? Están buenos, y probablemente podrían estar con la chica que se les antojara. No creo que se fijaran en unas chicas de 3º de la ESO.

-Ya verás como sí. ¿Cómo podría llamar su atención? Tienen que fijarse en nosotras.

-Háblales por whatsapp.

-Claro. -Respondió con tono irónico- como tengo sus números.

-Yo puedo conseguirte el de alguno, elije bien, solo uno.

-¿Solo uno? Uf, a ver. Si el de rojo ya está cogido, pues, el del peto amarillo. Con los botines fluorescentes. Ese me gusta. ¿Cómo lo vas a conseguir?

-Mi primo me lo da, tú tranquila.

-¿Qué primo?

-Alex.

Entonces, se dieron cuenta de que todos los chicos de los que hablaban, las observaban. Se miraron, buscando donde estaba aquello que llamaba tanto la atención. Pero no estaba en ellas, si no, en la pelota de baloncesto que había caído junto a Dea. A si que, se puso de pie, y se la dio a uno de ellos, quien se agachó y le susurró al oído: espérame a la salida, que tengo que hablar contigo. Antes de que dijera nada, el chico, cogió la pelota y volvió al partido.

Dea volvió a su sitio, y les contó a sus amigas lo que acababa de pasar. Ninguna entendía nada.

-¿Quién es ese chico? ¿Por qué me ha hablado como si nos conociéramos?

-A lo mejor te conoce, de sus sueños.

-No seas imbécil, Celia. ¿Esperareis conmigo a la salida?
-Quiere hablar contigo, no con nosotras, pero ya nos contarás esta tarde.


-Vale, vale.

El recreo y las 3 siguientes horas a Dea se le hicieron eternas, teniendo en cuenta que estaba ansiosa por saber lo que tenían que decirle. Primero inglés, luego francés y por último, música. Por fín tocó el timbre. Dea se quedó sola en la puerta del instituto, después de despedir a Sofía, Clara y Celia. Miraba el reloj, llegaría tarde a comer. Su madre se enfadaría. Pero tenía que esperar.

-Cucú.

-Ah, hola. Soy Dea.

-Lo sé, yo soy Hugo. Perdona por haberte dicho eso antes tan así.

-Vale, vale. Pero, ¿a qué viene todo esto?

-Necesito tu ayuda.

-¿La mía? ¿Por qué?

-Te va a sonar un poco raro, pero no es una trola. Resulta, que en mi grupo de amigos, somos 5, y en el cumpleaños de cada uno de nosotros, hacemos una especie de fiesta, que se encargan de organizar los otros 4, y la única condición que ponen es, que el cumpleañero tiene que ir acompañado por una chica. Y eso es lo que te quería pedir.

-¿Y por qué yo? ¿de qué me conoces?

-Te he visto en fotos con Sofía. Y a ella la conozco del cumpleaños de Alex.

-Y, ¿cuándo sería eso del cumpleaños?

-El sábado.

-Vale, pues, si solo es acompañarte. Supongo que puedo hacerlo. Pero, a cambio de una cosa.

-¿De qué?

-De que me presentes a tus amigos.

-Hecho. Ah, y toma mi número.

-Veo que has pensado en todo, luego te hablo. Hasta luego.

-Adiós Dea.

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