Necesito llegar a mi casa. Sentarme. Y relajarme. La mochila me pesa, y me duele la cabeza.
Como siempre, tocó el timbre de su casa, su madré abrió y le llevó la mochila a su habitación, mientras ella se lava las manos. Para comer las dos juntas.
-¿Qué tal el día, cariño?
-Un rollo, como siempre.
-¿Has quedado con tus amigas esta tarde?
La verdad esque ni se me había pasado por la cabeza, pensó.
-No, creo que esta tarde haré otras cosas. ¿Y tú? ¿Esta tarde trabajas?
-Me parece que sí.
Entonces, podría arovechar quedar con Hugo, no es mala idea.
-Y... este finde, ¿con quién me toca estar?
-Creo que conmigo, tú padre se iba de nuevo a Málaga.
-Ah, perfecto. Ya no quiero comer más, ¿te importa que me vaya a mi habitación?
Se puso de pie y subió. Cogió el móvil y les escribió a sus amigas, acto seguido, añadió a Hugo a sus contactos. Salía realmente guapo en la foto de perfil.
-Tía, yo que tú quedaba con él. -Dijo Sofía.
-No, que verguenza.
-Si de todas maneras le verás el sábado, mejor que le conozcas, ¿no?
-Supongo que sí, pero me da mucho palo, en serio.
-Tú háblale.
-Hola, soy Dea.
-Hola, ¿qué tal?
-Bien, bien... es que, he estado pensando en lo del sábado, y no sé, me gustaría conocerte antes.
-Por mí encantado, ¿quiéres que quedemos o algo?
-Sí, eso era lo que te iba a pedir.
-Dime día, hora, lugar.
-Estamos a miércoles, y eso es el sábado. Yo hoy estoy libre, aunque quizás sea pronto.
-Hoy tengo entrenamiento hasta las seis, si quieres venir a verme.
-¿A verte?
-Sí, si tú quieres, claro está.
-Me encantaría, ¿dónde entrenas?
-¿Sabes dónde está el nuevo gimnasio? En la calle de atrás de la heladería Helman.
-Sí, claro.
-Allí nos vemos. Empezamos a las cuatro y media, ve cuando quieras.
-Hasta luego.
-NENAAS, me ha dicho que vaya a verle entrenar.
-¿EN SERIO?
-¡QUE FUERTEE!
-Esto me se yo como acaba...
-Por cierto, ¿alguien sabe dónde está el gimnasio nuevo?
-Sí, mi primo entrena allí. -Comentó Sofía.
-Llévame.
-Tengo clases, ve andando. Estará a unos 15 minutos de tu casa.
-Me has dejado como estaba.
-Dea, yo creo que se donde está. Yo te acompaño.
-Gracias Celia. Te espero en mi casa.
¿Por qué aceptaré nada? ¿Qué van a pensar sus amigos cuando me vean con él? Tendría que haberle dicho que no, para colmo, ni siquiera se donde está ese gimnasio. Soy demasiado tonta. Lo sé.
Tal y como dijo Celia, en 15 minutos casi exactos, ya estaba en su casa. Tocó la puerta.
-Celia, gracias por venir, te necesitaba. Tienes que ayudarme a decidir que me pongo, porque no se que se ponen las chicas para ir a ver a ver un entrenamiento de baloncesto.
-Pues, abre el armario, vamos a ver que tienes.
-Creo que lo mejor será ponerme mis vaqueros oscuros, con la sudadera esta gris, ¿demasiao desarreglada?
-No, yo creo que está bien.
-Perfecto, ¿qué hora es?
-Nos da tiempo de sobra, tranquila.
-¿Llevo algo para comer? Estoy muy nerviosa, no se de que hablarle, ni como comportarme, ¿y si la cago?
-Dea, tranquilízate, no es una cita. Solamente, engánchate al tema del que empecéis hablando, y los demás surgirán solos, no te agobies.
-Porfavor, quédate conmigo hasta las seis, que es cuando acaba. Que yo sola... me voy a aburrir.
-Vale, pero que conste, que si llego tarde a piano, te echaré la culpa.
-Tranquila, que yo me hago responsable. -Respondió Dea mientras le guiñaba un ojo a su amiga-. Creo que solo me llevaré el móvil, y dinero, de todos modos no creo que me de hambre.
-Vámonos, que si no, andando llegaremos tarde, para variar.
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