miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 2.

Necesito llegar a mi casa. Sentarme. Y relajarme. La mochila me pesa, y me duele la cabeza.

Como siempre, tocó el timbre de su casa, su madré abrió y le llevó la mochila a su habitación, mientras ella se lava las manos. Para comer las dos juntas.

-¿Qué tal el día, cariño?

-Un rollo, como siempre.

-¿Has quedado con tus amigas esta tarde?

La verdad esque ni se me había pasado por la cabeza, pensó.

-No, creo que esta tarde haré otras cosas. ¿Y tú? ¿Esta tarde trabajas?

-Me parece que sí.

Entonces, podría arovechar quedar con Hugo, no es mala idea.

-Y... este finde, ¿con quién me toca estar?

-Creo que conmigo, tú padre se iba de nuevo a Málaga.

-Ah, perfecto. Ya no quiero comer más, ¿te importa que me vaya a mi habitación?

Se puso de pie y subió. Cogió el móvil y les escribió a sus amigas, acto seguido, añadió a Hugo a sus contactos. Salía realmente guapo en la foto de perfil.

-Tía, yo que tú quedaba con él. -Dijo Sofía.

-No, que verguenza.

-Si de todas maneras le verás el sábado, mejor que le conozcas, ¿no?

-Supongo que sí, pero me da mucho palo, en serio.

-Tú háblale.


-Hola, soy Dea.

-Hola, ¿qué tal?

-Bien, bien... es que, he estado pensando en lo del sábado, y no sé, me gustaría conocerte antes.

-Por mí encantado, ¿quiéres que quedemos o algo?

-Sí, eso era lo que te iba a pedir.

-Dime día, hora, lugar.

-Estamos a miércoles, y eso es el sábado. Yo hoy estoy libre, aunque quizás sea pronto.

-Hoy tengo entrenamiento hasta las seis, si quieres venir a verme.

-¿A verte?

-Sí, si tú quieres, claro está.

-Me encantaría, ¿dónde entrenas?

-¿Sabes dónde está el nuevo gimnasio? En la calle de atrás de la heladería Helman.

-Sí, claro.

-Allí nos vemos. Empezamos a las cuatro y media, ve cuando quieras.

-Hasta luego.


-NENAAS, me ha dicho que vaya a verle entrenar.

-¿EN SERIO?

-¡QUE FUERTEE!

-Esto me se yo como acaba...

-Por cierto, ¿alguien sabe dónde está el gimnasio nuevo?

-Sí, mi primo entrena allí. -Comentó Sofía.

-Llévame.

-Tengo clases, ve andando. Estará a unos 15 minutos de tu casa.

-Me has dejado como estaba.

-Dea, yo creo que se donde está. Yo te acompaño.

-Gracias Celia. Te espero en mi casa.

¿Por qué aceptaré nada? ¿Qué van a pensar sus amigos cuando me vean con él? Tendría que haberle dicho que no, para colmo, ni siquiera se donde está ese gimnasio. Soy demasiado tonta. Lo sé.

Tal y como dijo Celia, en 15 minutos casi exactos, ya estaba en su casa. Tocó la puerta.

-Celia, gracias por venir, te necesitaba. Tienes que ayudarme a decidir que me pongo, porque no se que se ponen las chicas para ir a ver a ver un entrenamiento de baloncesto.

-Pues, abre el armario, vamos a ver que tienes.

-Creo que lo mejor será ponerme mis vaqueros oscuros, con la sudadera esta gris, ¿demasiao desarreglada?

-No, yo creo que está bien.

-Perfecto, ¿qué hora es?

-Nos da tiempo de sobra, tranquila.

-¿Llevo algo para comer? Estoy muy nerviosa, no se de que hablarle, ni como comportarme, ¿y si la cago?

-Dea, tranquilízate, no es una cita. Solamente, engánchate al tema del que empecéis hablando, y los demás surgirán solos, no te agobies.

-Porfavor, quédate conmigo hasta las seis, que es cuando acaba. Que yo sola... me voy a aburrir.

-Vale, pero que conste, que si llego tarde a piano, te echaré la culpa.

-Tranquila, que yo me hago responsable. -Respondió Dea mientras le guiñaba un ojo a su amiga-. Creo que solo me llevaré el móvil, y dinero, de todos modos no creo que me de hambre.

-Vámonos, que si no, andando llegaremos tarde, para variar.

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