Carlos ya lleva unos 10 minutos esperándola, pero no llega. Está precupado, no solo por ella, si no también, porque le quedan cosas que hacer.
No mucho más tarde, ve una pequeña figura que corre dirección a donde él se encuentra. Tiene que ser Dea.
-Hola guapa.
-Vámonos.
-¿No me das dos besos? Además te recuerdo que soy yo el que lleva un rato esperándote.
-Mi madre es capaz de venir a buscarme. Sabe que voy a una fiesta, pero cree que es con mis amigas.
-Eres mentirosa, me gusta.
-Y tengo que pedirte un favor.
-Sorpréndeme.
-Le he dicho que esta noche duermo con Sofía, ¿te importaría llevarme a su casa luego?
-Vale, pero no te prometo ni la hora, ni la seguridad de ir conmigo de madrugada. Y otra cosa, ¿habrás quedado con ella, no?
Le sonreí, y me devolvió la sonrisa. Tan amplia, tan bonita. Es agradable estar con él, cuando no es un creído. Carlos me pasa el casco que me tengo que poner.
-¿Iremos en moto?
-Siempre podemos ir andando.
-¿Y tú casco?
-Yo no uso de eso.
No he ido muchas veces en moto, solo cuando mi primo me llevaba por Asturias en las vacaciones del verano pasado. Pero nunca demasiado tiempo, para mi tía es algo peligroso.
No está segura de que este chico sepa lo que hace, pero no tiene más remedio que disimular e ir. O no ir, aunque quizás sea demasiado tarde para eso.
Arrancaron, Dea le preguntó donde era su casa. Un poco a las afueras de la ciudad, y teniendo en cuenta que viven en el extremo de esta... tardarían un cuarto de hora, aproximadamente. Quizás menos. Y entre absurdas conversaciones, en un lugar totalmente desconocido, Carlos bajó.
-Espérame aquí. No tardo.
No quería plantearse por qué se habían detenido allí, ni que estaría haciendo, ni con quién, porque se temería lo peor. Sin embargo, otro pensamiento consiguió invadir su cabeza.
Voy montada sobre una moto, Honda, si no me equivoco. -Pensó- Por qué a un chico al que le da igual todo, le conceden caprichos de este tipo. Aunque no se nada sobre este tema, creo que es una marca buena. Sus padres tendrán mucho dinero, seguro. O tienen dinero y son gilipollas, que es lo más probable.
-Ya estoy. Baja un segundo, por favor.
Obedecí.
Abrió el baúl de la moto y metió las dos bolsas con botellas que traía en las manos. Justo después, me ayudó a subirme de nuevo, se subió él, y seguimos viaje hasta su casa.
¿Con quién habrá ido Dea al cumpleaños? Que alguien me explique eso. Tiene que aclarar muchas cosas esta noche, pero no puede decirle que le gusta. No hace ni una semana desde que tienen relación, por así decirlo.
Va a pensar que estoy desesperado, o todavía peor, que la quiero utilizar para olvidar a Carol, qué panorama tengo. ¿Qué hago y a quién le pido consejo? Dea es una niña encantadora, y no se merece que no le de explicaciones de la verdadera razón de todo este lío, quiero decirle la verdad y asumir las consecuencias. Aunque me rechaze, pero al menos que lo sepa. Estoy confuso, ¿se nota?
Cuando llegaron, Carlos bajó a abrir el portón para entrar a su casa, y ella quedó admirada ante lo que veía. Un jardín enorme, con su césped bien cuidado, su zona con columpios... se imagina a Carlos jugando allí de pequeño, cuando todavía era un niño inocente. También hay porterias, y una canasta de baloncesto no podía faltar.
Avanzaron un poco más, había una piscina con forma cuadrada y en frente, una barra. A simple vista parecía una típica casa de las películas americanas, diseñada por un adolescente.
Tenía dos plantas, y una enorme terraza en la parte de arriba, por un momento, me quedé mirándola. Había algo que me llamaba la atención.
-¿Pasamos?
-Sí, deja que te ayude con las bolsas.
-Yo puedo, cariño. Pero podrías abrirme la puerta. Tengo las llaves en el bolsillo derecho, sácalas.
-Tú lo que tienes es un morro que te lo pisas.
Me guiñó un ojo, y yo me sonrojé.
Abrí la puerta tras pelearme un poco con ella y aguantar burlas de Carlos.
-En poco llegará la gente, pon las botellas en la barra de fuera. Yo voy a por la música y los altavoces.
-Te acompaño.
-¿Te da miedo?
-No seas tonto.
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