martes, 4 de marzo de 2014

Capítulo 7.

Se despierta algo confuso, quizás se pasó con la negrita la noche anterior. No tiene nada de hambre, y ver el desayuno que le ha dejado su padre, antes de irse a trabajar, le producen ganas de vomitar. Sí, sin duda ha sido el alcohol.

Esta tarde tendrá que preparar la fiesta para Hugo, que será allí mismo, en su casa. Que no falten las chicas, la bebida, y, algo de drogas no estarían mal. Sus padres le dejarán la casa hasta el día siguiente. Y la mayoría de los que irán son mayores de edad, no ve ninguna pega.

Aunque sigue pensando en aquella chica, Dea, esa seguro que se chiva de todo, pero no puede pedirle a Hugo que no la lleve, por alguna razon que todavía no ha sido descubierta, ha decidido ir con ella a la fiesta. Por otro lado, le ha encantado compartir un rato con esta chavalita tan peculiar, en MerCurio. Carlos debe de reconocer, que le gusta su forma de actuar, de pensar y de expresarse. Podría intentar algo esta noche, porque... no es tan pequeña, ¿no?

 

Dea despierta, para su sorpresa son más de las 11:00, y su madre no está. Seguramente se diera cuenta de su cansancio, y no haya querido despertarla antes de irse. Qué mona.

Se dispone a desayunar, pero escucha ruidos, proceden de la terraza, ¿ladrones a esta hora? no puede ser, coge una escoba, por sí acaso. Aunque todos sabemos que no iba a poder herir a nadie de este modo.

Sale con sigilo, y la escoba cae al sueño.

Un pequeño grito suena.

-¿Quién os ha abierto, tío?

-Tu madre. Hace más de una hora. Espabílate, que hay muchas cosas que hacer.

-¿No pensabáis avisarme de que veniais o qué?

-Calma, ¿te hago el desayuno?

-Sofía, no me hace gracia. Me habéis asustado. Y, ¿por qué no ha venido Clara?

-Ultimamente está rara. -Acaba confesando Celia- No se si es sólo conmigo.

-Conmigo también.

-Bueno, no hemos venido a hablar de ella. Tenemos que arreglarte para esta noche. ¿Ya sabes qué te vas a poner?

-Pues... no.

Sus amigas le ayudan con todo, incluso con el color de uñas que se pondrá. La verdad esque se están comportando, podrían haberla mandado a la mierda.

Solamente le faltan los pantalones, debe ir a comprarlos. Usará parte del dinero que su padre le da todos los meses.

Celia y Sofía 'debían irse', a si que decide ir sola.

Va caminando entre todas las tiendas que le gustan, su favorita es sin duda Pull & Bear, antes de entrar, se queda mirando los maniquíes... intentos de cuerpos tan altos, tan delgados, y tan perfectos. Un cuerpo como ese querría tener. Y conseguir, de una vez por todas, dejar de acomplejarse por el suyo, pero sabe que no puede volver a intentarlo.

No puede recaer. De vez en cuando sus caderas la torturan. Desearía que esas faldas de tubo le quedaran bien.

Finalmente, entre pensamientos odiosos sobre ella misma, decide entrar. Y, elije unos cuantos pantalones cortos, de distintos colores y anchuras. Solo se queda con uno en la mano, pero no está segura. Se mira y se mira.

-Oye morena, a mí me gusta como te quedan.

A través del espejo, comprueba que un chico, justo detrás de ella, mira hacia abajo con cara de travieso.

-Hola Carlos.

-¿Vas a llevártelos?

-Supongo que sí, son para esta noche.

-Te quedan genial.

-¿Tú qué haces aquí?

-He venido con Lucas, a comprarle algo a Hugo. Por cierto, ayer te di mi número... esperaba que me hablases.

-Háblame tú, no te jode.

-Lo haría, pero no quiero meterme en medio de tu relación con uno de mis mejores amigos.

-¿Desde cuándo te importa a ti eso?

-Me encanta que pienses así sobre mí -Respondió riéndose.- tienes la oportunidad de conocerme, y yo de hacerte cambiar de opinión. No la malgastes.

-Eres un creído.

-Qué va. Nos vemos esta noche, ¿vale?

Pero Dea se negó a responder, fue a la caja, y pagó su pantalón.

Mientras regresaba a su casa, no podía parar de pensar en todas las cosas que le estaban pasando, sus amigas, como nunca antes vistas. Carlos, un chico encantador, pero demasiado egoísta. ¿Hugo? Hugo es Hugo. Y ya está.

Carolina y todos esas nuevas personas en su vida.

Su padre, cada vez más lejos. Su madre, cada vez más cerca.

¿Quién la mandaría a crecer?

Cuando vuelve a su casa, se da cuenta de que se había dejado el móvil: 361 mensajes, de 5 conversaciones.

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